Sunday, July 19, 2015

6 - ¿Cómo hacer para no dejarnos atrapar por la sociedad del espectáculo? (2010)


6 - ¿Cómo hacer para no dejarnos atrapar por la sociedad del espectáculo? (2010)

Primero, un trago de honestidad. Este texto en este blog es parte de la sociedad del espectáculo. Esto no es la revolución cultural, esto tampoco es más entretenimiento, pero tampoco está tan lejos de serlo. Mientras yo lo escribo y vos lo lees, vemos como el mundo sigue como sigue. Pero empezar pensando donde es que estamos ubicados en este colosal circo mundial no es una mala manera de usar nuestro tiempo.

Movete con cuidado pues estos no son los buenos tiempos. Quizás nunca lo fueron pero recién hoy es hoy. Estos son los tiempos de la “iconocracia” y de la “estimulocracia”. El gobierno de las imágenes y el gobierno de los estímulos. Me doy cuenta cada vez que hablo con alguien: con mi boca haciendo ruido no alcanza. Me doy cuenta cada vez que me hablan: estoy buscando la tecla que me abra una nueva ventana de su charla. Esta permanente transacción de imágenes y estímulos a las que consciente y obedientemente nos sometemos nos está dejando más espectadores que nunca. Somos pensados por otros, y nos pensamos a nosotros mismos, como consumidores; ya no más como ciudadanos, tampoco como seres humanos. Y como consumidores pasamos, por las lógicas de la sociedad del espectáculo, a producir más imágenes y más estímulos para que nuestros congéneres no se olviden de que somos.

No escribo todo esto por mala leche y tampoco quiero patear la pelota para afuera de la cancha. Si yo también consumo y produzco imágenes, yo también escribo esto buscando lograr el picante que te estimule a pensar en mí (¡Mirá como lo escribió! ¡Qué sagaz!) Hay trampas por todas partes y nuestra parte es descubrirlas. ¿Y cómo evitarlas?

A veces no puedo evitar sentir cierta molestia cuando alguien empieza a bostezar mientras le hablo. Es cierto que no soy uno de esos tipos con excitantes episodios para contar y además soy un tanto monotemático. Es cierto que estos dos atributos también los tienen los bostezantes con los que he gastado mis tiempos. Sin embargo, estas gentes me dieron una idea: el aburrimiento.

Hay algo en el aburrimiento que nos puede llevar a la desintoxicación. En vez de buscar “belleza”, buscar “fealdad”. En vez de buscar “superacción”, ver la calle toda quieta. Bailar sin moverse o moviéndose de maneras “equivocadas”. Escuchar música que tenga “labor de silencio”. Apagar las luces. Apagar esta máquina en la que me estás leyendo. Dejar que los nervios se cansen de que no haya nada que los haga cansar.

Porque el agua es dulce cuando tengo la boca llena de sed. Porque todo mi cuerpo siente la conmoción de una mujer que quiere hacer el amor conmigo cuando llevo días sin masturbarme. Porque el aire es una magia cuando se me destapa la nariz resfriada. Por todo esto y por más: aburrimiento.

La sociedad del espectáculo va a seguir atrapándome, de eso no tengo dudas. Pero esa máquina idiota nunca logra hacerme bostezar. Y el gusto de mi bostezo tiene algo feroz, tal como el ruido de mi risa. Yo necesito más de la incomodidad de nunca saber que decir y la incomodidad de estar diciéndome, ante otros, todo al revés; que la comodidad de esas imágenes estimulantes que nos intercambiamos (y a las que buscamos parecernos) ¡Ojala te hayas aburrido leyéndome!

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