Sunday, July 12, 2015

4 - ¿Cómo hago para decirte chau? (2008)

4 - ¿Cómo hago para decirte chau? (2008)


En el 2008 murió mi viejo. Estaba a más o menos siete meses de distancia de cumplir 80 años pero no llegó. Hace unos meses atrás yo llegue a mis cuarenta. Casi sin darme cuenta empezaron a sonar campanas desde todos los barrios adentro de mi cráneo: llegue, quizás, a la mitad de mi vida. Hace rato que no soy joven y esto me alegra, porque mi ánima sigue jovial como siempre. Siempre estoy curioso, siempre quiero cantar cosas nuevas ¡Que extraño esto de estar en la mitad de mi vida! ¿Cómo se habrá sentido mi viejo al llegar a sus cuarenta? Le sucedió en 1968, vivía con su esposa su decimo aniversario de casados y tenía dos hijos, uno de 9 años y otro de seis. Laburando como obrero de la construcción, en un país bajo una dictadura militar, mientras el rock nacional estaba gestándose poco a poco ¡Que difícil poder imaginármelo! Lo que sí me imagino es que mi viejo estaba bastante a gusto conmigo cuando yo era un niño. Luego, en la adolescencia, me volví un tipo huraño, irascible, alguien de difícil acceso y esto nos dejo a ambos en diferentes orillas de la música. Vivíamos bajo un mismo techo pero cada cual en su sintonía. Durante el pasaje al mundo de los adultos, las cosas cambiaron poco. Sí que recuerdo que los dos accidentes en mis manos parecían dolerle mucho más a él de lo que me dolían a mí. Pero su dolor no nos acercó. Tiempo después me mude a vivir solo y ahí empecé a entenderlo más. Y, a mi modo, yo lo sentí más cerca. Porque, al fin y al cabo, tener un padre es tener en tu vida a alguien que parece que habla en tu lengua pero no. Mi padre y yo teníamos dos lenguajes distintos. Me imagino que al tener un hijo se vive una situación similar pero no lo sé.

Y un día se fue. Se volvió la persona con la que más soñé ese año, a raíz de esto. Mi sueño favorito: yo estaba sentado en mi mesa, con un vaso de vino frío y vistiendo un traje elegante y barato. Era un baile en un club en la época de los ´40s o ´50s. Mientras estaba mirando a las pebetas para “cabecear” a alguna, invitándola a bailar, pasa trastabillando al lado mío un muchacho de mi edad, también de traje, cagándose de risa y con un pedo como para cuarenta. Riéndome le digo a este tipo: “¡Amigo, si no sabe tomar, mejor no tome!” Mientras va recuperando el equilibrio, me mira con su cara llena de risa y ahí me doy cuenta de que es mi viejo cuando era joven. Me desperté del sueño cuando intenté ponerme de pie para invitarlo a mi mesa. Casi en todos mis sueños mi viejo estaba riendo, haciendo travesuras. Recuerdo haberle dicho a alguien que yo me despedí de él, sin saber que era la última vez que le decía chau, como si fuésemos dos niños. Dos pibes que al rato van a volver a verse para seguir tramando y llevando a cabo aventuras.

Ayer se fue mi viejo y mañana me voy a ir yo. La vida es la sorpresa más extraña de todas. En ella, todos somos bionautas. La vida me permitió conocer al bionauta que era mi viejo y me permitió compartir algo de su viaje. Se me mezclan los sentimientos, no sé muy bien que escribir al respecto. Conocer a alguien y no conocerlo también. Extrañarlo, de vez en cuando. Hablarle al silencio, hablarle al vacío de su ausencia.

¿Cómo hago para decirte chau? Yo te estoy diciendo “hola” cada vez que te recuerdo. Yo te estoy diciendo hola ahora. Decirte chau no es nada. Mejor te digo “gracias” y te perdono y me perdonas y está todo bien.

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