Friday, April 19, 2013

Lo que vendrá (1988)



“Un narcótico simbólico y adictivo para digerir el fin de las aventuras sociales” Colectivo Editorial Crisis Revista Crisis N° 13 Febrero – Marzo 2013

 

1 – En 1977 Charly García se preguntaba y nos preguntaba: “¿Qué se puede hacer salvo ver películas?” Eran los tiempos de la dictadura cívico militar, las cosas estaban muy mal desde muchas ópticas y Charly daba cuenta de esa gravedad a su manera, como podía. En 1988 actuó en la película “Lo Que Vendrá”. Yo vi este film en 1990, en un ciclo de cine que organizaron en Merlo, creo que la Dirección de Cultura del municipio. Las pelis fueron 4, una por semana en un ciclo que duró todo un mes de primavera: Hombre mirando al sudeste, Sur, El exilio de Gardel y Lo que vendrá. Fui con un compañero de secundaria y recuerdo que salíamos comentando lo que habíamos visto y delirando nuevos argumentos de películas que no íbamos a filmar.

2 – Empecé este post citando a la revista Crisis y lo que se preguntaba García para tener un marco para discutir sobre un par de cosas extras a la película en sí. La revista Crisis dijo lo que dijo refiriéndose a las series extranjeras en el cable que engendran (o buscan engendrar) fanáticos cautivos. Pareciera que estamos mirando series y películas porque allá afuera no pasa nada. Quizás esto sea así, yo no lo puedo asegurar. Pero si puedo asegurar que estoy un tanto molesto con ciertas cosas. Yendo al punto: este verano, en el ciclo de cine gratis en El Rosedal que organizó la ciudad autónoma de Bs As, vi varias películas, entre ellas Elefante Blanco. Y el film es muy bueno pero me dejó un gusto amargo en el paladar de la mente por dos motivos. El primero: como es una película con un fuerte contenido social, todos los que la vimos podemos “chapear” de tener conciencia social, de que somos buena gente, que nos preocupa como están las cosas en este mundo injusto. Y ganamos ese prestigio de la consideración ajena por mirar un espectáculo, nada más. Luego de ver la película, no solucionamos nada, no cambiamos nada, seguimos cómodamente adormecidos en el permanente show de las imágenes de la pantalla helada. El segundo: aunque intentaron señalarme lo contrario, yo siento que Elefante Blanco es una película que no moviliza. La manera en que están expuestas las historias se sienten como una asfixiante pesadumbre que conducen al pozo sin fondo de la decepción social, de un desencanto radicalizado con todo lo que nos rodea que no puede o no sabe proponer alternativas. Es una buena película pero es (volviendo a citar a Crisis) insuficiente. No auspicia nuevas aventuras sociales, exhibe la interminable derrota que se experimenta en las villas de miseria y exhibe poco más que eso.

3 – Y ahora sí: te comentó de Lo Que Vendrá. La película la conseguí este año y hoy ya no me parece TAN buena como me solía parecer cuando recién la vi. Se trata de un película que muestra una ciudad de Buenos Aires futurista, decadente, distópica. Los actores principales son Juan Leyrado (un grande) Charly García (una revelación, actúa mejor de lo que recordaba) y Hugo Soto (que actúo mejor en Hombre mirando al sudeste, acá me decepcionó bastante). También anda dando vueltas, en un papel secundario, Rosario Bléfari (que en los noventas brilló en el grupo de rock experimental Suarez y luego siguió brillando en una carrera solista que sigue hasta estos días). En esta Buenos Aires de pesadilla hay una suerte de totalitarismo burocrático abstracto que no se entiende muy bien porque rige pero si se perciben sus efectos nocivos. Se perciben sus ansias neuróticas por querer controlarlo todo. Se percibe el combate mágico que lleva a cabo el enfermero García enfrentándose a la cara visible de ese gobierno de represión. El que no se expliquen los motivos políticos de esta dictadura le da al asunto un marcado carácter irracional que también era el sello de todos los totalitarismos en nuestra Latinoamérica.

4 – Cuando volví a ver esta película 25 años después, me causó gracia como cambie con el paso de todos estos años. El haber visto el film solo una vez hace tanto tiempo me llevó a mitificarla en mi memoria. Hoy ya no me parece tan grandiosa como cuando la vi. Pero, para mí, la película aun conserva intacta una fuerza que también le encontré veinticinco años atrás. Visualmente sigue siendo tan poderosa como ayer, tan intoxicante, tan seductora. La banda de sonido me sigue gustando, la compuso Charly García. Las escenas que me gustan son muchas y por eso es que recomiendo que la vean. Tiene esa fuerza ebria fílmica de “Apocalypse Now” o “Blade Runner”. Son tres films bien distintos el uno del otro pero que yo veo una y otra vez para drogarme con esos planos, con esas imágenes de irrealidad que hipnotiza. Lo que vendrá no es una película tan grande como las dos que acabó de citar pero sí que es igual de atrapante.

5 – Uno de los curiosos aciertos del film es que “lo que vendrá” no es lo que la película narra, es lo que la película espera. En varias ocasiones se están vaticinando la llegada de nuevos tiempos. Como si funcionase como metáfora de aquel ’88 de democracia, al año siguiente la hiperinflación se devoró el mandato de Raúl Alfonsín y lo que vino después fue el “Brave New World” del neoliberalismo menemista. En 1987 hubo un intento de golpe de Estado con el levantamiento carapintada de Aldo Rico y luego vino el de Seineldín. Quizás hasta fuese obvio que todo estaba dado para que alguien filme algo como “Lo que vendrá”. Esto era cine independiente cuando todavía ese mote ni siquiera lo planteaban los críticos de cine en los ochentas. El cine de hoy podría tomar notas de este film y podría cambiar su humor. Para que el producto comercial, que en definitiva es, tenga más y nuevos matices. Y que ese producto comercial le hable al espectador (a vos, a mí) de tal manera que sea posible que los cambios nazcan.


Wednesday, April 17, 2013

7 canciones de María Rosa Yorio


Si tu enciclopedia de rock nacional estuviese ordenada alfabéticamente, ella estaría cerca del final. Después de Virus y antes de Zypce, Isol. Si tu enciclopedia de rock estuviese ordenada cronológicamente, ella estaría promediando los setentas. Inició su carrera discográfica con Porsuigieco y después se sumó a Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre. Pero tu enciclopedia de rock nacional no existe, al menos tal cual la concibo en mi mente, sin dejar a nadie afuera. Además el rock nacional no es un ámbito donde se aliente la participación de las mujeres, es un ámbito más donde continúa la reproducción del machismo que en Argentina campea en casi toda esfera cultural imaginable.  Pero eso no es lo que me ocupa hoy, yo quiero hablar de siete canciones de María Rosa Yorio. Ojala que mi texto le haga justicia a estas canciones y, por supuesto, más allá de cualquier déficit en mi producción, no dejen pasar la oportunidad de escuchar esta música. Estas canciones pueden resultarte lo que me resultaron a mí.

1 – Semana de una cantante (Disco: Con los ojos cerrados – 1980). La presencia del bajo y los coros se destacan de movida, en los inicios de la púa que recorre surcos porque el track que yo conseguí lo bajaron de un vinilo, no sé si este disco se reeditó en cd. Hay una mezcla de cansado blues y baguala agridulce en la voz de María Rosa, encajada en una animada canción pop, como un funk bailable. “Sueño con la guerra que es de realidad” canta Yorio y dos años después la realidad se hizo guerra de Malvinas y a uno se le pone la piel de gallina. “Animales que no aplaudan serán mi público” y uno se enamora una vez más. Su estilo al cantar es único, suena a un calculado abandono, como algo que no tiene pretensión y lo quiere todo. Algo que suena a cotidiano, como la semana de una cantante, pero que yo logre encontrar pocas veces y por ende me suena extraordinario.

2 – Fanny da bola (Disco: Mandando todo a Singapur – 1982). El autor de esta canción es Miguel Mateos, hay varias canciones de él en este disco (dato de Wikipedia, como las demás autorías de las canciones las conozco gracias a la misma fuente). Tres años después Mateos se llenó de fama y fortuna pero esa es otra historia. Este suave y gentil tema, a medio camino entre un candombe y una bossa, tiene mucho de ese sonido hermoso que tenía La Banda (en donde Rubén Rada cantaba y se encargaba de la percusión). “Aunque no puedas entender cómo puede haber gente tan sola” es una frase que se engancha naturalmente a “Eleanor Rigby” de The Beatles. Canciones para la gente sola. “Aunque él se llame new wave y ella rock´n´roll” es el guiño a aquellos tiempos de encuentros de generaciones viejas y nuevas de rock. El rock empezaba a hablarse a sí mismo. “Mandó una carta a una publicación subterránea”: en aquellos tiempos salía la revista Expreso Imaginario que traía una sección donde se enlistaban decenas de publicaciones que, más adelante, se conocerían como fanzines cuando llegó el punk a cambiar algunas cosas. Fanny es la treintañera que tiene sus fantasías, toda la canción se mece al ritmo de ellas. María Rosa le canta a esta mina y nos mima a todos. Porque no se puede entender cómo puede haber gente tan sola.

3 – En todas partes te veo (Disco: Puertos – 1986). Este disco sí se reeditó en cd, yo lo vi por alguna disquería allá por el 2004. Yo tenía 11 años cuando esto sonaba por la radio y de la radio me lo grabe y después escuchaba el casete y bailaba al compás de ese saxo y del ritmo de la batería electrónica. “Estoy esperando mi turno para ver el sol, si quiero llevarme conmigo un poco de vos”. María Rosa sonaba moderna pero igual a ayer. María Rosa se volvía cosmopolita: “California, París, Rio”. Buenos Aires era una ciudad más entre ciudades famosas. “En todas partes te veo pero en ninguna te encuentro”, esta frase se parece dolorosamente al quilombo que hay en mi cabeza a veces, solo a veces. Por mucho tiempo deje de apreciar este tema por mentarlo de una ligera y banal canción pop bailable y nada más. Hoy creo que bastante más que eso y no toda música funciona en su supuesto compromiso estético con los cambios sociales. No todo puede medirse con la misma regla.

4 - ¿Dónde olvidaste nuestro amor? (Disco: Puertos – 1986). Cuando me enteré que uno de los autores de esta canción es Eddie Sierra, me cayó la ficha de porque me era un tanto difícil disfrutar y defender de mí mismo a esta canción. Eddie Sierra compuso mayormente románticas baladas comerciales tan melosas que hacen que, en comparación, Elton John suene a hardcore ultra violento. Fuera de todo chiste, yo no disfruto de Eddie Sierra. Pero cuando María Rosa Yorio le presta su voz a esta canción la cosa mejora notablemente. Los arreglos de la misma no la benefician, es cierto. Pero imagínatela a ella sola con una guitarra eléctrica y nada más. ¿Viste? Es el mismo tema que uno le diría pedorro pero que crecería tremendamente. La letra también tiene más drama del que se necesita cuando a uno lo dejan seco, en bolas y con el culo lleno de preguntas. Pero tiene sus frases: “tu voz ya no es tu voz”, “debe estar perdido en el mar”.

5 – Tan solo para hablar (Disco: Puertos – 1986). “Sé que tu amor es como el agua que calma mi sed y, sin decir una palabra, te amo yo también”. Las autoras de letra y música son María Gabriela Epumer y Claudia Sinesi. Ellas eran el 50% de Viudas e Hijas de Roque Enrol y el 100%, creo, de Maleta de Loca. Con este tema me pasa algo parecido a lo que refería con My Bloody Valentine, es la traducción a música de lo sexual. Apenas veo a una pareja o me imagino a una pareja en pleno atropelladero, pienso en este tema. El atropelladero vendría a ser toda la previa (franela, lengüeteo, manoseo, caricia, besito, cuchi cuchi) al polvo en sí. Los ingleses le dicen “foreplay”. Vayan a leer a Nick Hornby en su libro High Fidelity, la parte en la que habla de Penny Hardwick, cuando enlista sus “5 rupturas más importantes de todos los tiempos”. Es gracioso y, en parte, acertado. Volviendo a María Rosa, el tema tiene ritmo de sexo y los coros funcionan muy bien. El sonido del bajo, las líneas del saxo, la guitarra funky, la batería, cada elemento ensalza el erotismo de Yorio, esta canción transpira.

6 – Loca sensación (Disco: Rodillas – 1987). Si no me equivoco, este fue el primer corte de difusión del disco. Al año siguiente, cuando me enamore de Verónica, esta era la banda de sonido de algún futuro hipotético que solo tuvo lugar en mis fantasías. El sonido de este tema me recuerda al Steve Wonder careta que los melómanos generalmente aborrecen pero que a mí me gusta. Al Steve Wonder de los ochentas. “Y tal vez exista el día en que pueda caminar sin esa llovizna fría y con tu amor”: María Rosa suena embriagada de amor. Ahora recuerdo que para principios de los noventas conseguí una revista Pelo usada con una entrevista a Yorio donde ella hablaba de este disco. Rodillas creo que tampoco fue reeditado en cd, al menos hasta donde yo sé. María Rosa suena mimosa, elevada, caliente. Esta canción mejor no escucharla el día de San Valentín sin compañía, ¡es arranca corazones!

7 – Dibujos en la oscuridad (Disco: Rodillas – 1987). Acá voy a tener que escribir de memoria, quiero decir tratando de recordar como sonaba la canción pues no la tengo, no está por ninguna parte, al menos en donde se me ocurrió buscar. La escuche en la radio varias veces y sonaba misteriosa, elegante. Los autores eran Jorge Haro y Alejandro Fiori. Ale Fiori tocó con todos: Canturbe, Los Neumáticos, Los Móviles, Los Encargados, Los Pillos, Alan Courtis, vaya a saber quien más. Jorge Haro estuvo con Fiori en Los Móviles y en Los Encargados para luego seguir como solista para desarrollar trabajos en música electrónica experimental y realizar eventos con lo más variado de la música de vanguardia de estas regiones y de más allá también. Para 1987 ya hacía un tiempo que no estaban en Los Encargados con Daniel Melero, de hecho Haro se había ido antes de que el grupo grabe Silencio, su disco de 1986. Algo de aquella música electrónica me parece que resonaba en Dibujos en la oscuridad y esa sofisticación electrónica se veía adornada de la voz de María Rosa. Para cualquier posible lector de este blog, que alguien le haga saber a quien corresponda que se espera la reedición de Rodillas, tal como se sigue esperando y deseando la reedición de tantos discos olvidados de rock nacional.

Para terminar: mi hermano tiene “Haciendo el amor en la cocina”, una canción que apareció en el disco “Por la vida” (1984). A mí particularmente no me gusta tanto esa canción, al menos no tanto como las siete de las que acabo de escribir. Y por supuesto, aquí estamos hablando de una artista que publicó siete discos solistas. O sea que hay muchas más canciones por escuchar, para vos y para mí. Yo arranque con 7 como para empezar, son 7 quizás por cábala, quizás por destino, porque así la recuerdo yo. Porque quiero que edite otro disco. Porque el sabor del amor es, en parte, estas siete canciones. No con cualquiera uno se estremece así.

Saturday, April 13, 2013

My Bloody Valentine - mbv (2013)



1 – Dato N° 1: En 1991 el cuarteto My Bloody Valentine editó Loveless. Dato N° 2: 22 años después My Bloody Valentine edita mbv. Este segundo dato me llegó vía Los Inrockuptibles N° 178 de marzo del 2013 en una reseña escrita por el periodista Javier Diz. Este crítico dio cuenta de un montón de literatura que generó este dato. Yo no tuve acceso a todos esos escritos porque no lo necesite, porque mis ingresos no se generan a raíz de lo que escribo o lo que pienso. Quizás eso representa alguna módica ventaja.  Remarcó esto porque luego de más de veinte años de leer crítica musical veo que se repiten ciertos vicios que estaría bueno dejarlos atrás. Son dos consideraciones erróneas: que el disco mbv es el sucesor de Loveless y que por ello debería superarlo; la segunda mala concepción es la de esperar  del disco la característica de marcar la música del futuro.

 2 – Cuando Simon Reynolds escribió, al final de su gran libro Retromanía, que escuchó el futuro de la música, dio varios ejemplos de ese futuro que encontró en el pasado. El futuro pasó ayer. ¿Por qué nos tiene que preocupar tanto como va a ser la música del futuro? La idea de una música de hoy que predice lo que sonara mañana se fue constituyendo en un valor en sí, a veces más importante que otras formas de valorar la música. Estaría bueno que pensemos  cual es la filosofía, cual es la política que fundamenta la búsqueda de cierta innovación sonora.
 
3 – El primer vicio al que hice mención es el de esperar de un grupo, al que se definió de innovador y revolucionario, que se supere disco tras disco. Se solía leer la carrera de The Beatles de esa manera: cada disco superaba al anterior. ¡Yo no estoy tan de acuerdo, Ruperto!  Cada disco pinta como anda el panorama en la vida creativa de un grupo de músicos o de un solista. Abbey Road de 1969 no es superior a Please, Please Me de 1963, es (nada más y nada menos) distinto. Y la diferencia es lógica: ambos discos fueron grabados básicamente por el mismo grupo de personas pero estos cuatro tipos habían cambiado con el paso del tiempo. Eso no necesariamente implica una evolución, son cambios de enfoque que pueden verse como evolución y también pueden verse de distintas formas.


4 – Volviendo a My Bloody Valentine, suena un poco tonto pedirles que nos traigan hoy la música del futuro. Tal vez siempre fue algo tonto de pedirse, suena a que uno pide la llegada del nuevo Mesías en cada oportunidad que le pedimos a cada grupo ese futuro que es mejor que venga de la mano de todos. También es fortuito que lleguen a “superarse”. Puede que suceda pero eso, en sí mismo, no es todo el valor que una música podría tener.

 5 – La historia de la banda se puede encontrar dando vueltas por Internet, en Wikipedia, en la página oficial del grupo. Yo más bien quería contarles mi romance personal. En 1995 conseguí Loveless en una disquería de Ituzáingo, me salió 19 pesos, un poco antes mi amigo Toto se había conseguido Isn’t Anything y yo me lo grabe en un casete, después de The Smashing Pumpkins. En aquella disquería tenían también la edición del sello Creation de Isn’t Anything, es probable que Daniel todavía la conserve y que la venda a precio exorbitante. Antes de esto, en 1994, conseguí en Once la recopilación Peace Together con la versión de MBV de “We have all the time in the world”, aquella preciosa canción de Louis Armstrong. Para 1996 compre dos discos: Isn’t Anything (a 15 pesos, la edición del sello Sire) en una disquería llamada Bonus Track en la calle Corrientes en Capital Federal y el disco tributo a Wire llamado Whore a 21 pesos en una sucursal de Oíd Mortales que duró un par de años, creo. En este último disco My Bloody Valentine hacían “Map Ref 41° N 93° W”, una canción que apareció originalmente en 154, un discazo de Wire. En 1997 en la disquería Abraxas de la calle Santa Fe en Capital Federal vendían una extraña recopilación casera de los EPs de My Bloody Valentine a 22 pesos. Luego vino un gran salto en el tiempo y llegó el 2004, año en el que consigo la banda de sonido de la película Lost In Translation con algunas canciones de Kevin Shields, el líder y uno de los cantantes y guitarristas de MBV. El año pasado salió un cd doble con todos los EPs reunidos más algunas canciones inéditas o poco conocidas. Casi me olvido de mencionar un cd con archivos MP3 que conseguí en el 2005 con gran parte de la discografía de los MBV antes de Isn’t Anything, cuando se parecían demasiado a Jesus and Mary Chain. Y, finalmente, este año conseguí mbv y lo estoy escuchando mientras escribo esto.


6 – Anécdota 1: Teacher: “What’s your favourite band?” Student: “My favourite band is My Bloody Valentine”. Teacher: “Ah, no. ¡No podes decir eso!” Student: “¿Por qué no?” Teacher: “Porque significa algo así como la hija de puta de mi amorcito” (Nota: la profe dijo en realidad la H de P). Student: “Bueno, de eso se trata”. Después de esto, solo silencio y la cara de perplejidad de mi profesora y mis compañeras. La broma pasó desapercibida porque nadie se animó a preguntarme si tenía novia y la cuestión era que no tenía, ese era el chiste.

 7 – Yo amo a My Bloody Valentine por eso. Porque son la banda que mejor pone en sonido mi idea del amor y del sexo. El frenesí y la fricción. La melancolía de extrañarla, el placer y el sinsabor de estar con ella. La confusión del enamoramiento. Los Sonic Youth decían “Confusion is Sex”. My Bloody Valentine es la traducción a música perfecta de esta frase. Solamente la hija de puta de mi amorcito que hoy no está es la que puede dejarme así, flotando. Solo así hay nexo de sexo perplejo. Solo así, mi amor. Con esta música que es río de violencia y dulzura de hojas de otoño que se caen. Fall in love.

8 – Anécdota 2: Vamos Emanuel, Jorge y yo a ver a Los Auténticos Decadentes. Al volver a nuestras casas en el lejano oeste, Jorge y yo venimos hablando de los grandes: Leonard Cohen y Bob Dylan. Los grandes en carrera, los grandes en edad, los grandes en canciones grandes, los grandes en poesía, los grandes en música. Mientras hablamos no dejo pasar la oportunidad de recalcar que ambos en el 2012 editaron discos recibidos calurosamente por los críticos. Hasta el día de hoy no los escuche (y los tengo a ambos). Simultáneamente, en mi cabeza había algo de ruido. Jorge es un flaco de unos veintipico de años (21 o 23), muchos menos que yo, que ya estoy en los 38 buenos. El ruido era una pregunta: ¿Por qué no estábamos hablando también de los nuevos y no tan solo de los viejos? ¿Por qué olvidarnos de Animal Collective, de Joanna Newsom, de Dirty Projectors, por tirar tres al vuelo? Yo no sé si el bueno de Jorge los conoce o no, algo me dice que no. Semanas después llegaron recuerdos a mi cabeza ruidosa. Los My Bloody Valentine vivieron su esplendor entre los años 1988 y 1991. Yo los escuche por primera vez en la radio en 1992 en el programa London Calling, la excelente canción “Feed me with your kiss”. En los años entre el ’88 y el ’91, yo era presa del fanatismo por Pink Floyd y los Redondos. En 1990 yo era un negrito  de 15 años con birome y papel que iba a romperles las bolas a los disqueros de Moreno, anotando las canciones de los discos de Pink Floyd de los casetes que ellos dejaban que yo viera fuera de las vitrinas. Ni siquiera sospechaba que existían los Valentine. A cada quién le llega su momento de encontrarse con ciertas músicas.  Yo me encontré con Joanna Newsom ayer, brindo para que mañana se la crucen Jorge y vos.

9 – Los My Bloody Valentine son grandes por muchas razones. Porque hay dos mujeres y dos hombres, porque una de las mujeres canta y toca la guitarra y uno de los hombres también. Porque Belinda Butcher es hermosa, porque Kevin Shields está del tomate. Por las capas y capas de ruido de guitarras. Por el laburo y la cantidad de tiempo en estudio que le lleva a Kevin intentar plasmar ese sonido imposible que resuena en su mente. Y por esas canciones enormes como galaxias: “Soft as snow (but warm inside)”, “Soon”, “All I need”, Blown a wish”, “Only Shallow”, “You made me realize”, “She found now”, “Sugar”, “Honey power”, “The things I miss”, etc, etc.

10 – Hoy hay mbv. Es un gran disco que arranca con un temazo: “She found now”. Que tiene hermosas canciones para seguir degustando: “In other way”, “If I am”, “New you”. Porque para mí la clave pasa por darle tiempo a estas canciones. El proceso que me llevó considerar a Loveless de ser un buen disco a un excelente disco duró unos años y unas experiencias. Primero siempre vamos a estar desorientados, luego vamos a estar encantados. Hoy hay mbv, es una excelente noticia.

 11 – My Bloody Valentine: una vez grabe Isn’t Anything y Loveless en un TDK 90 y se lo regale a una compañera de la facultad con la secreta esperanza de que también lo escuche la hermana que estaba más buena que comer pollo con la mano. La vez que escuche “Moon song” y creí que era una canción de amor y es una dulce canción de odio. La vez que quise que el final de “Soon” durase para siempre. La vez que escuche a los Japancakes que regrabaron Loveless entero. La película de Sofía Coppola (que acá se conoció como Perdidos en Tokio) con esa música. Las tapas de aquellos cds. La anécdota del ruido infernal de sus recitales. ¡Uf! Conseguite todo lo que puedas de esta banda y si vienen a tocar a la Argentina, casi seguro que me encontras ahí, saltando como un demente, repleto del amor furioso de esta milagrosa agrupación.