Wednesday, August 22, 2018

Toiling Midgets – Sea of Unrest (1982)



“Around the same time, Eitzel attached a much better set of lyrics and vocals to “Son”, an album by his San Francisco peers Toiling Midgets – look too for their excellent junkie mumble album, “Sea of Unrest”. Eric Weisbard Entrada sobre American Music Club en el libro Spin Alternative Record Guide 1995 Vintage Books página 12 EE.UU.
Hasta donde mi memoria llega a recordar, esto es toda la literatura que me llevó a este disco, ese párrafo que cite al principio del post. Lo incluí así, en inglés, para no traicionar al texto original con mis adaptaciones al castellano. Aunque el libro es del ’95, yo lo pude conseguir al año siguiente y en 1997 llegue a hacer la traducción de aquella entrada sobre el grupazo American Music Club. El CD en sí lo compre, original y en oferta, en el ’98. En lo que respecta a las Fonolas, pueden ir a la Fonola número 5 del 25 de marzo de 2014, a la canción número 246 (“Destiny”). Esta canción abre el disco, siempre me gustó el inicio de este CD. Hoy, voy a tratar de rememorar esas otras canciones que no entraron en las Fonolas.
Es cierto que no tengo libros o revistas que hablen de ellos pero el CD venía con booklet y este trae algunos datos a agradecer. Los Toiling Midgets eran un quinteto: dos guitarras, bajo, batería, vocalista. Comenzaron como combo instrumental, resultado de la combinación de dos bandas punk de San Francisco: The Sleepers y Negative Trend. Luego se les unió Ricky Williams con su voz y sus letras, figura de culto cálidamente recordada por Tom Mallon en ese mismo booklet.
Este disco es la demostración de que  el punk tiene más para ofrecernos de lo que comúnmente los oyentes están dispuestos a esperar. La combinación entre lo acústico y lo eléctrico en “Late Show”. Los cambios de velocidad de “Destiny”. La voz singular de Williams, poderosa y burlona, imprimiendo urgencia, poder y desviación a esas canciones. “Microage” y su impresionante fuerza. El juego entre las dos guitarras.
Dicen los que saben, en ese booklet, que Williams fue un incisivo letrista y vocalista de atención pero también un tipo inestable que dejaba a la banda de garpe en más de una ocasión. De hecho, está “All the girls cry” como track instrumental para atestiguar toda la bella amenaza de la banda ya sin su cantante presente, quien luego falleció.
Mark Eitzel, el genial y sensible cantante de American Music Club, es mencionado como discípulo de Williams en el booklet. Yo no sé si fue tan así, más allá de que ambas bandas compartieron tiempos, geografías y miembros de banda.
La reedición en CD de este disco es de 1993, por el sello Fistpuppet Records. El arte de tapa, con un dibujo en blanco y negro, casi pasó desapercibido en la batea de ofertas de aquella disquería sobre la avenida Santa Fe, en una de esas famosas cuevas donde nos internábamos a extraer estas piedras preciosas en la forma de once canciones.
“Sea of Unrest”, la canción, la cual cierra este disco, parece una canción parida por unos Nick Cave and The Bad Seeds en esos grandes momentos que suelen tener. Cuando menos lo esperábamos ya se terminó el disco y estoy listo para beber algo más.

Saturday, August 04, 2018

Eyeless In Gaza – Back From The Rains (1986)


“(…) donde manufacturan un elaborado paisaje casi impresionista de folk eléctrico y con el que, un poco ingenuamente, pretenden llegar a un público más amplio y abandonar de una vez su poco rentable estatus de banda de culto”. José Manuel Caturia en la revista Factory N° 9 (España) Enero-Marzo 1996 página 17
En esta ocasión, a diferencia del post anterior, la música es más accesible, la banda editó varios discos y yo los mencione en las Fonolas. Fue en la tercer fonola, publicada el 15 de marzo de 2014, en la canción número 143. Lo que si comparten los Metabolist y los Eyeless In Gaza es su notoria ausencia en esas famosas listas de lo mejor de… Conclusiones: parece que hay una porción importante de críticos que han decidido olvidarlos y no nos hace falta confiar tanto en esas listas.
Otra vez en los noventas, con el uno a uno del peso- dólar del menemismo y bla bla bla. En todos los kioscos, incluso aquí, en el remoto partido de Moreno, se conseguía esta revista importada de España. Durante el ’96 leí sobre este dúo y en el ’97 me compre el CD original importado a 16 pesos (por un tiempo lo vendían a 30 pesos, diez pesos por arriba del precio promedio de un CD en aquellos remotos tiempos, luego fue a parar a la batea de ofertas, quizás porque la disquería necesitaba la entrada de efectivo.)
Nunca escuche otro disco de Eyeless In Gaza, ni los proyectos solistas de Martyn Bates y Pete Becker. Este disco de 1986 fue publicado por el excelente sello indie inglés Cherry Red, un sello legendario a estas alturas. Y, en lo que a revistas se refiere, solo leí sobre ellos una vez más. En la revista Esculpiendo Milagros número 8 (Mayo de 1995), en la nota sobre post- grindcore de Marcelo Aguirre en la página 40. Sin embargo, no estoy cien por cien seguro de esto. Quizás también fueron mencionados en alguna Inrockuptibles pero no puedo recordar en que número. Mientras escribo esto me pregunto por qué no busque nada más de ellos y porque no busque más data de la que ya tengo acerca de ellos. Pasaron 22 años y yo parezco estar esperando. Esperando lo que el kiosco ofrece, tal como ayer esperaba lo que las disquerías ofrecían. Si este CD no hubiese estado en exhibición en aquella disquería, ¿habría alguna vez escuchado algo de ellos?
Eyeless In Gaza es el nombre de un libro de Aldous Huxley, el mismo escritor que publicó Brave New World, acá conocido como “Un mundo feliz”. Mi hermano leyó ambos libros en castellano. El primero no le gustó, el segundo sí. El segundo es un clásico de las novelas de futuros distópicos y el primero es menos conocido. Su título fue traducido como “Ciego en Gaza”, lo cual no es tan acertado. “Blind” vendría a ser ciego en inglés, “Eyeless” vendría a ser “sin ojos”, lo cual es muy distinto a ser ciego. Todos los ciegos que yo conozco tienen ojos aunque no puedan ver con ellos. Con todo, el diccionario español-inglés que tengo reconoce el término “eyeless” como “ciego” en segunda acepción. Que queres que te diga, a mi no me suena bien.
En lo que respecta al disco en sí, tiene varias cosas a destacar. Martyn Bates se manda a cantar a capela en un par de ocasiones, el track que inicia el disco, “Between These Dreams”, y el cover, no reconocido en el booklet del CD, “She Moves Thru The Fair” una canción tradicional que también registraron los Fairport Convention en 1969. (Yo supe de esto recién en 2012.) Cuando es solo su voz la que lleva la canción, me hace recordar a esos musulmanes recitando salmos del Corán los domingos a la mañana por la Televisión Pública. En ambas instancias me siento a gusto con lo que estoy escuchando y también siento una suerte de vibra religiosa en mi ánima.
Es cierto lo de la influencia de Tim Buckley en su forma de cantar, tal como lo notó Caturia en su artículo de la revista Factory. Pero también aparecen otras influencias: ese homenaje de la línea “Everything still, everything silent as after the rain” de “Lie Still, Sleep Long” que viene directamente del Scott Walker de “The War Is Over (Sleepers) (Epilogue)”. El órgano de “Scent On Evening Air” que me recuerda a la cantante Nico solista. Los aires psicodélicos del inicio de “Your Rich Sky” que suenan a The Teardrop Explodes.
También está el bello tema instrumental corto “My Last, Lost Melody” que cierra el disco y luego vienen 4 temas extras de un  single disco 12 pulgadas de 1983. Los 17 tracks de este CD me hacen acordar al invierno, salvo una canción. Quizás porque conseguí este disco durante esa estación. Pero es un invierno con onda, cantando canciones para darnos calor mientras afuera el gris paisaje de llovizna y vapor saliendo de nuestras bocas nos invita a refugiarnos.
La dulzura pop de “Catch Me”, el delicioso balanceo, como si fuese un vals, de “Sweet Life Longer”. Decime si no parece que estuviésemos todos cantando, ebrios de hermosura, con Martyn, como si hubiésemos  conquistado sueños anhelados por largo trecho.
“Flight Of Swallows”, el único tema del disco que me recuerda al verano, al “verano corriendo por una avenida de árboles en el sol”. A dos cuadras de donde yo vivo hay una avenida de árboles y cuando doblo para volver a casa, hay árboles que se ponen gloriosos cuando llega el otoño. “Aunque el verano ya se fue, la arena todavía nos alcanza”. El sonido del piano, el sonido de la guitarra, la segunda voz femenina, la emoción urgente, casi dramática con la que canta Martyn para luego llegar a la calma final.
Ese momento en que el verano se va volviendo otoño. Ese momento en el cual el día se va volviendo noche. Ese momento en el cual un disco se vuelve el aliado indispensable para soportar el sopor de los días. Puede que el mundo nos decepcione cada vez más pero la vida jamás nos decepcionara. Este disco es el vehículo de esa vibrante vida.