Wednesday, November 16, 2016

Buscando a Reynolds (Documental – 2004) Mis apuntes


1 – Todo empieza (¡cuando no!) con la revista Esculpiendo Milagros. En el número 13 del otoño de 1997, aquel que tenía el tomatazo a Tanguito imitando el tomatazo a Travolta de una vieja Expreso Imaginario, venían varios comentarios acerca del homenaje a los 30 años rock nacional. Luego de leer las críticas que ellos tenían para escribir, al final de la publicación, nos proponían unas alternativas. Todos los martes de abril de ese año, en La Trastienda, EE.MM armó un ciclo de música nueva llamado “Ensayo y Error” con los siguientes artistas:
Día 8 de abril: Los Gauchos Alemanes y Ángel Destino.
Día 15 de abril: El Hórreo y Burt Reynolds Ensamble.
Día 22 de abril: Capitanes de la Industria y Las Orejas y la Lengua.
Día 29 de abril: Investigaciones Fasani- Mancini y Sumergido.
Yo fui los días 15 y 22. El 15 de abril de 1997 fue la primera y única vez que vi a Reynolds, que en esos tiempos se llamaban de otro modo, tal como figura más arriba. De hecho, estaba parado en la entrada de la Trastienda, esperando la hora indicada para entrar al recital, cuando los vi llegar por la vereda, todos en caravana acompañando a Miguel Tomasín. Lo acompañaban, lo guiaban, lo trataban con un cariño y una ternura que me dejaron encantado.
2 – Fui con un grabador y grabe el recital en una cinta que solo escuche una vez y hoy ya no puedo escuchar porque no tengo el reproductor necesario. Hubo varias sorpresas: alguien de la banda (¿Alan Courtis?) repartía volantes promocionando su nueva producción llamada “Bolas Tristes” y un pequeño objeto de plástico que imitaba a una púa de una bandeja tocadiscos con un resorte en uno de sus extremos, el cual hacia que la púa gire al hacerlo rebotar. No sé donde quedo ese raro suvenir, intente encontrarlo pero no pude. Quería sacarle una foto para ilustrar este post.
3 – Y durante el recital sucedió la más maravillosa sorpresa: la banda seguía a su líder que resultó ser Miguel. La música que ellos tocaban era guiada por los ritmos y las voces de Tomasín. Ese free rock, noise rock, avant rock, experimental rock, como carajo quieran llamarlo, era timoneado por un hombre con síndrome de Down. Fue impresionante testimoniar algo así. Yo me preguntaba qué era lo que estaba pasando hasta que deje de preguntármelo para solo permanecerme ahí. Los Reynolds tocan una música más allá de las coordenadas habituales con las que nos manejamos al escuchar música. Voy a escribir más de esto más abajo.
4 – Luego recuerdo aquella nota del Suplemento Sí de Clarín escrita por Pablo Schanton que apareció en el 2001, si no me equivoco. Y también más o menos por la misma época, una nota acerca de esta banda que apareció en el último número de EE.MM, aquel con forma de diario. Y luego, silencio.
5 – Para llegar al 2004. Mi primer BAFICI, del cual no hay registro escrito de que fui porque Significados Invisibles aun no existía. En esa sexta edición pasaron el documental Buscando a Reynolds de ese mismo año. Fue en los días jueves 15 de abril a las doce menos cuarto de la noche (imposible para mi verlo, siendo que trabajaba temprano aquí en Moreno al otro día) y sábado 17 de abril a la una menos cuarto de la noche. A esta última función sí podría haber ido pero elegí ir a ver a Donna Regina en cambio. Curiosamente, entre el público, estaba Schanton. Y este periodista también aparece en el documental sobre Reynolds hablando acerca del grupo y las lecturas y conexiones que él encontraba acerca de ellos. Doce años después sí pude ver el documental, gracias a que alguien lo subió a You Tube, con subtítulos en inglés y yo me lo baje.
5 – El documental está buenísimo. Yo me había quedado con la espina de no poder verlo en su momento y ahora me pude dar el gusto. Durante unos 75 minutos, Néstor Frenkel crea un retrato tierno, perturbador, apasionante, divertido, incómodo acerca de Tomasín y compañía. Este enorme registro se merece 5 Macos. Aunque no pueda equiparse con las experiencias que viví viéndolos en aquel recital, igualmente deja constancia de espíritus y creaciones inigualables. Reynolds fue una banda que hubiese hecho ruido con cualquier época como telón de fondo. Pero en los noventas, su ruido era como un exorcismo ante los menos prometedores tiempos del neoliberalismo. Y es como que hoy mismo necesitamos a unos nuevos Reynolds, ¿no?
6 – Los Reynolds y sus músicas me pusieron a pensar. Me tomo el riesgo de ponerme un tanto filosófico en esto que pensé y puede que lo describa bastante mal. Ténganme paciencia. Los humanos nos acercamos a las músicas buscando satisfacer, básicamente, dos necesidades: una letra que hable de lo que nuestra cabeza piensa y un ritmo que ponga a nuestro cuerpo en movimiento o en reposo. Y con la lírica y con su cadencia, las músicas traen algo que quizás no hemos buscado a primera instancia. Pero luego si lo iremos a buscar. Trae la organización absolutamente desorganizada de los sonidos. Sabemos que el silencio no existe, solo existen formas de escuchar y de oír. Uno decide que es silencio, el silencio está lleno de uno. El ruido es ruido en comparación con otra fuente sonora. La certeza está en lo que suena, en lo que vibra, eso puede medirse. Lo que no puede medirse es como sonar, como escuchar, como oír. Miguel Tomasín nació en esos universos ingobernables y desde allí se dirigió a la palabra y al beat. Él lo hace al revés de cómo lo hacemos los demás.
7 – Ese extra que trae la música yo no lo he encontrado en ninguna otra parte, en ningún otro arte, en ninguna otra esfera cultural. La fascinación, el encantamiento que ese extra me produce es imposible de traducir en palabras. Quizás se llega al momento en que las palabras sobran.
8 – Cuando yo era niño se denominaba “mogólicos” o “mogólicas” a las personas que tenían síndrome de Down. Estos adjetivos se usaban como insultos. Un asunto bastante feo eso de usar la experiencia específica de alguien como una generalidad insultante. En ese aspecto creo que hemos avanzado. Hace rato que se usa la denominación “mujer/hombre con síndrome de Down”. Pero aun desde ese respeto, casi todos nosotros ponemos distancia entre nosotros y la gente con síndrome de Down. No sabemos cómo tratarlos, no sabemos qué hacer, que decir. En eso reside algo de lo valioso de Reynolds, el espacio de encuentro siempre puede construirse, solo falta estar decidido a hacerlo, lo demás viene después.
9 – No estoy de acuerdo con eso de creer que ellos son mejores que nosotros por tener síndrome de Down. Pero sí me parece valiosa esa idea que parece dar vueltas en alguien como Miguel. Esa idea de no dejarse apresar por pautas, eso de dejar que lo que queremos expresar sea lo que nos conduce. Lleva un montón de trabajo andar así de libre. A eso podría aspirar la música, a la organización desorganizada. A algo que se le encuentra la regla, para que luego vuelva a desarreglarse otra vez.

10 – Una hermosura todo lo que este documental me dejó en la cabeza. Búsquenlo y véanlo. Me lo van a agradecer. Nota: en el blog de Mal Elemento también subieron comentarios sobre este documental en aquel abril de 2004, con motivo del BAFICI. Búsquenlo también.    

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