Friday, November 25, 2016

Atomised. Houellebecq en Argentina (10, 12 y 13 de Noviembre)


¡Significados Invisibles se va para arriba¡ ¡Ahora tenemos enviados especiales a eventos! ¡Jajaja! Que sirva este torpe chiste como homenaje a El Pequeño Saltamontes, quien fue con su mente ardiente, su corazón encendido y su curiosidad intelectual como bandera, a TODAS las presentaciones de Michel Houellebecq en su gira 2016 por la ciudad autónoma de Buenos Aires (no sé si estuvo en otras ciudades de nuestro país). Una vez más van a poder leer su palabra sin ninguna molesta intervención mía, más allá de esta intro, tal vez innecesaria. Sin más, los dejo con el protagonista. ¡Que lo disfruten!
I
Largo y tendido se ha escrito ya sobre este autor en toda clase de medios, por lo que este escriba se limitará, para presentarlo, a mencionar los aspectos que él considera personalmente como los más interesantes: Houellebecq es un autor que hace veintidós años salió dispuesto a tomar por asalto la literatura demostrando tener una visión privilegiada sobre el mundo que se nos venía encima ante este afamado “final de la historia” (sic). Houellebecq es la voz impertérrita que se animó a disertar sin miedo sobre el desencanto palpable del pos-capitalismo, una era a la que nos quisieron vender como lo más cercano a la perfección que jamás podríamos alcanzar y que se reveló plagada de miserias, soledad, carencias afectivas endémicas, rechazos, misantropía y, como frutilla del postre, un consumismo que invade y deforma la vida de sus habitantes de manera brutal (bien podemos decir que una de las frases más significativas de su obra es aquella confesión que el protagonista de “Ampliación” le hace a los lectores: “No era infeliz, tenía ciento veinte canales…”). Houellebecq es un cartero feroz que vino a traer las malas noticias, aún a costa de saber que por esa honestidad insoportable le iban a tirar a matar.
Los agarró a todos por sorpresa con “Ampliación del campo de batalla”, construyó su (primer) golpe maestro con “Las partículas elementales” y dinamitó todo lo que quedaba intacto con “Plataforma”. Esas tres novelas -solo esas tres- ya alcanzaban y sobraban para conseguirle un lugar de privilegio en el nutrido canon de grandes autores que enaltecieron la literatura francesa. Y europea. Y de todo el mundo. Pero todavía quedaba mucho más: se puso particularmente ácido con “La posibilidad de una isla”, volvió a reírse lacónicamente de los límites -principalmente de la literatura- con “El mapa y el territorio” y capitalizó su último destello de inteligencia y lectura aguda de la actualidad con “Sumisión”. En el camino también dejó libros de poesía, novelas cortas, correspondencias y colecciones de ensayos que ayudaron a convertirlo en la figura insoslayable de la literatura mundial que es al día de hoy.
II
Pasemos en limpio: hizo su primera aparición pública en esta (tercera) visita a la Argentina la tarde del jueves 10 de noviembre en el Centro Cultural San Martín, lugar en el cual a cuatro horas de iniciado el evento ya se podía advertir una concurrencia notable que solo noventa minutos después ya se extendía a dos cuadras de distancia de las boleterías (al menos tres veces vinieron a preguntarnos si nos sobraban entradas).
Michel apareció en escena escoltado por Garcés y algunos organizadores, y durante la larga hora y media que le dedicó a este re-encuentro con el público argento no soltó nunca un cigarrillo electrónico mientras conversaba sobre cómo nada va a cambiar con la llegada de Trump, atacaba a personalidades mediáticas francesas (“No sé cómo será en Argentina”, se disculpó), hablaba sobre los miedos que trata en sus novelas y cerraba tocando el tema del machismo y la misoginia imperantes en la sociedad occidental, a pedido de un lector.
El sábado el Polo Tecnológico de Palermo se llenó de ávidos concurrentes (dos mil, llegué a escuchar) que, en varios casos, iban por la revancha al haberse quedado con las ganas el jueves. Michel no defraudó. Demostrando que es mucho más frío, pausado y lacónico que lo que sus libros y declaraciones cargados de histrionismo y humor oscuro pueden sugerir, se tomó todo el comienzo de su conferencia para atacar con una frialdad homicida a su país, su cultura, sus íconos caídos en desgracia, el dudoso legado que insiste en ostentar ante el resto del mundo y, por supuesto, para no dejar títere con cabeza respecto a la escena intelectual francesa y su relación de amor-odio con la misma (“Generalmente termino en eventos sentado al lado de gente muy interesante a la que jamás en mi vida leí ni creo que vaya a leer”).
III
“El capitalismo tiene en el individualismo la trampa perfecta para engañar a la gente. Les hace creer que a partir de ahora van a poder tomar sus propias decisiones, pero en realidad el margen de elección que tiene la mayoría de las personas es tan estrecho que aquella vida intensa y emocionante que propone el capitalismo es muy rara”.
“La decadencia de la cultura francesa es innegable… el vino francés hace años que ha dejado de ser lo que era”
“Todo puede pasar. Y, sí. Y también nada puede pasar. Eso es lo más común.”
“Me río cuando dicen que el desastroso sistema administrativo francés tiene un aire kafkiano. En Kafka hay misterio, oscuridad, belleza… nada más alejado a la burocracia francesa”
“Francia es el peor país del mundo”
IV
En la espera del domingo, en la librería Borges, pude charlar con gente venida desde Neuquén, La Plata y hasta Tierra del Fuego especialmente para el evento -tal como lo leen-. Sorprendente fue también ver la fuerte custodia que rodeaba al hombre, al fondo de una habitación oscura en la que aguardaba la llegada de una horda munida de libros de todo tipo y tamaño (algunos sin siquiera haber sido leídos, según me comentaron).
And that was it: llegué, le dije mi nombre, alcancé a decirle dos frases en francés y le di la mano, antes de retirarme con “Extension du domain de la lutte” garabateado en su primera página. Nada más. Nada menos.
Volvía a casa exhausto y reconfortado, no tanto por aquella firma sino por haber visto, en las tres fechas ya señaladas, una numerosa e inesperada concurrencia que respondió con entusiasmo ante esta oportunidad. Ciertamente esperaba una cantidad considerable de asistentes, pero para nada las bulliciosas filas de ávidos lectores cargados de ejemplares amarillos de “Lanzarote” y “El mundo como supermercado”, conversando sobre cuestiones relativas a este literato que rara vez he podido discutir en ocasiones previas. Como cuando te cruzás a alguien tarareando una canción que creías que nadie más conocía.
V
Garcés le preguntó al final de la noche del jueves: ¿Qué le gustaría que figurara en su epitafio? ¿Mártir, peleador, hombre de la resistencia? Nada, dijo Michel. O escritor. Ca me suffit.

Chau y gracias por venir. 

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