Wednesday, November 09, 2016

Breaking Bad – Inconmensurables paisajes humanos

Sí, lo dije hace unos meses atrás. Les había prometido un post sobre esta serie y esto que estás leyendo soy yo intentando cumplir esa promesa. Intentando porque llevarlo a cabo, anda a saber. Bienvenidos sean estos intentos.
Vamos a los números. Yo vi esta serie este año pero fue originalmente transmitida durante los años 2008 y 2013. Hace más de tres años que se terminó esta impresionante saga. Les llevó 62 capítulos y 5 temporadas narrar las historias que querían contarnos. La quinta y última temporada la emitieron en dos años (2012-2013). Cada capítulo dura unos 45 minutos aproximadamente aunque a veces se estiraba a casi una hora o un poco más. Especialmente en los momentos culminantes. El tiempo que se tomaron en la narración y el tiempo que, como espectadores, tenemos que invertir para verla dejan sus recompensas.
Es una serie exquisitamente filmada. Cada entrega parece un mediometraje. Los planos, la iluminación, la insistencia en hacer foco en pequeños detalles que terminaban tomando enormes dimensiones al terminar de desenrollar el ovillo de cada historia. El gusto de ellos por ser meticulosos nos vuelve un poco fetichistas a los televidentes. Un fetichismo que, a veces, uno lleva como una insignia al hablar de la serie con otros, sean ya conversos o no.
La inteligencia de los guionistas para desarrollar las narraciones y sus tensiones tan solo puede ser comparada con la monstruosa inteligencia de su principal personaje: Walter White, un estratega de las más brillantes estratagemas. Pero su enorme coeficiente intelectual parece no venir acompañado de escrúpulos o piedad en ocasiones. Por ende, lo vemos evolucionar hacia un grado de maldad insoportable, difícil de poder digerir. Quizás eso sea lo más inquietante, el monstruo al que le tememos no parecería estar muy lejos de nosotros mismos. Todos somos un poco Walter White.
Con todo, su forma de pensar y vivir el mal le pertenece por derecho propio. Walter inventó su propia forma de ser malvado. Mi empatía por el personaje llegó hasta el capítulo llamado “Fly”. Después de eso, me resultó imposible sentirme de su lado de la historia. Luego decidí sentirme más cerca de Jessie, quien también es un tipo de cuidado.
Una de las cosas que fascinan de Breaking Bad es ver como los personajes y las historias van evolucionando. Nada ni nadie permanece allí donde solía estar. Las seguridades de ayer se disuelven como polvo por el aire, dejando ver que cualquier certeza puede ser, y a veces es, la nada en coche. Son mutaciones que nos dejan pensando.
Otras de las fascinantes aristas de esta serie vienen en las actuaciones y en las líneas de los actores. Me dejó la impresión que cada tema relacionado a la producción, distribución y consumo de estupefacientes ilegales (y demás temas tratados por la serie) vienen escritos teniendo en cuenta mucho lo que puede pensarse y decirse al respecto. La serie funciona como un compendio de las voces que hablaron de estos menesteres antes de ellos.
La foto que ilustra este post muestra a Jessie Pinkman y Walter White en un descanso de su producción de metanfetamina. Los motivos primeros que los pusieron a trabajar juntos ya quedaron muy atrás. En ese momento de la historia ambos esperan amasar fortunas incalculables con la venta del producto, fortunas más allá de las que necesitan. Allí yace el núcleo caliente de las historias: la puta guita. La ambición descontrolada, el ansia insaciable de poder, la decisión de que el fin justifica cualquier medio termina llevándolos a una violencia que consume, una violencia que deshumaniza, una violencia que hace más que matar. Una violencia que desintegra lo humano en alguien, que lo vuelve una máquina inapelable que todo lo ve y todo lo mide con el único propósito de su propio beneficio. A eso a lo que aspira todo buen capitalismo. Eso es el horror, que de tan cotidiano, ya se nos ha vuelto invisible. Quien solo piensa por su bien y no por el bien de sus semejantes, quien se desapega del dolor de los demás. Quien no ama porque no tiene nada humano que dar, tan solo da limosnas de millones de papelitos de colores.
El horror, el miedo, el amor, la risa amarga o burlona, la ternura, el humor corrosivo. Son tantas las cosas que aparecen en estas historias que me es imposible seguir enumerando. Tan solo me queda  recomendarles que vean la serie para luego quedar tan impresionados como quede yo.


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