Monday, December 10, 2012

¿Por qué no me gusta Facebook?


1 – Empiezo dejando de lado las hipocresías. Yo tengo cuenta de Facebook. De hecho, en la foto de mi perfil, al lado de mi trucha, hay un cartelito que sostengo con la dirección para llegar a este blog. Es un claro ejemplo de autobombo pero no lo hago solo por la vanidosa pretensión de que ustedes lean lo que escribo. Me parece que lo que propongo acá en Significados Invisibles tiene cierto interés cultural y lo escribo con la intención de promover culturas y/o movilizar los ámbitos   en los que nos movemos.

2 – Tengo cuenta en Facebook, decía, porque mi amigo Matías la creó en el 2009, creo. La gran mayoría de las fotos que están en mi muro las subió alguien más, por esas cosas del etiquetado figuro en montones de fotos. A principios de este año intenté en varias ocasiones navegar por esta red social pero siempre me terminó ganando el hastío. Siempre, o casi siempre, respondo a los mensajes de Facebook que me llegan como notificaciones en Hotmail. Y ahí se termina toda mi relación con el cara-libro.

3 - ¿Y porque no me agrada? Principalmente por dos razones:

Primera: Automatismo expresivo y exhibicionismo emocional más cercano al egotrip que a la búsqueda de la conmoción ajena. Automatismo expresivo: Se dice lo que se piensa casi sin filtro pero rara vez se piensa en lo que se dice. Aclaro que no siempre hace falta filtro para expresarse en algo. Son muchas las cosas que convienen decirse de una, sin vueltas, sin sopesar tanto las formas y contenidos del discurso. Pero hay muchas otras que requieren reflexión antes de manifestarse a la opinión pública y la reflexión parece brillar por su ausencia en Facebook. Cierto es que supieron aclararme, no sin razón, que en ese ámbito las cosas se dicen así, que esa es la naturaleza de esta red social y que si alguien busca más profundidad reflexiva, debería buscarla en otros horizontes.

Yo soy de los que adhieren a la idea de que uno debe expresar las cosas que pensamos de la manera menos automática posible, que la fuerza expresiva está relacionada con cierta originalidad y que aspirar a eso es lo mejor que le puede pasar al propio decir. Y puede que esa clase de expresión no tenga lugar en un perfil de Facebook y que sí tenga más lugar en algo como un blog, por ejemplo.  Y por eso les digo, si queres ver en que ando, no me pidas que cante mi canción en Facebook por que el espacio es escaso, podes verme pensar y equivocarme o acertar aquí, en este rincón en donde todo puede pasar.

Exhibicionismo emocional: “me gusta”, “no me gusta”, “estoy triste”, “estoy feliz”, “es aburrido”, “es divertido”: un montón de expresiones fijas que cuentan acerca de la cáscara de lo que se siente sin tomarse nunca el riesgo de hundirse en el corazón caliente de la percepción.  Casi siempre me pareció que cada persona que subía algo a Facebook no se sentía comprometido con lo que publicaba o no daba más razones para aquello que acababa de publicar. Como una imagen llamativa que esconde algo parecido al vacío existencial. Decirlo todo para decir nada. Quizás me estoy equivocando al pretender comunicación genuina en esta red social y puede que su fin sea algo tan simple como el entretenimiento, tal como pasa con el sopor del 90% de la televisión argentina.

Segunda: El problema de la presencia. Mucho antes de comprarme un celular y mucho antes de sospechar siquiera de la existencia de Facebook yo venía pensando el problema de la presencia. Un problema que también busque entenderlo de la mano de un lenguaje extranjero. ¿Por qué en inglés se usa un mismo verbo (to be) para dar a cuenta de dos cosas distintas en castellano como “ser” y “estar”?. Porque yo puedo ser sin estar, en mi ausencia la gente me piensa, nos pensamos los unos a los otros. Este cuarto vacío en el que escribo esto a veces está lleno de gente, incluso gente que ya es imposible volver a ver, como mi papá. Y también pasa lo contrario. Yo puedo estar sin ser, no sentirme involucrado con mi entorno próximo, encubrir las direcciones de mi vida hasta tal punto de que se desdibuje el registro de mi presencia. Y entre esos debates entre el ser y el estar y la ayuda de las nuevas tecnologías en la comunicación, me surgió una duda difícil de resolver. El problema filosófico de la presencia. ¿Quién soy si siempre estoy? ¿En que se convierte mi presencia si ya no me es posible estar ausente? Y que quede claro, por supuesto que si lo quiero puedo apagar el celular y chau. Puedo no conectarme a Internet y se acaban las cuestiones. Pero no es la realidad de la tecnología lo que me preocupa. A mí me preocupa lo que la tecnología nos PROPONE, SU FIN ULTIMO. La intención definitiva del celular y de Facebook es que se te pueda ubicar SIEMPRE. El objeto último de toda esta tecnología es erradicar la ausencia. Tal cosa no va a ser físicamente posible. Pero ¿por qué necesitamos la presencia permanente de la imagen del otro? ¿En que nos convertimos cuando siempre somos, cuando siempre estamos? Si bien el exhibicionismo emocional que mencione más arriba ES una forma de ausencia, porque uno publica de uno mismo lo mejorcito, dejando lo peorcito barrido debajo de la alfombra de las costumbres, yo quiero decirte que quizás la forma de mejorarla a esa red social consiste en una movida hacia el encuentro de los humores.

Facebook es la nueva tecnología en comunicaciones que nos permite ESTAR SIEMPRE Y SER NUNCA. Es la piel de la nueva soledad de nuestros días, estos días en lo que estamos acompañados por un montón de presencias virtuales sin poder acariciar, ni tocar, ni oler a nadie. Pero esta es una mala noticia que viene con una buena. Justo ahora me acabo de acordar de los Situacionistas, aquellos rebeldes franceses de los sesentas que pedían que los individuos reorganicen el paisaje de carteles y señales de toda ciudad para que la misma les pertenezca en un sentido más vital. Eso mismo se puede hacer en Facebook, poner señales que redirijan la mirada de tus amigos hacia los encuentros físicos como la posibilidad de que florezcan los acontecimientos. No solo saber de alguien porque echaste un vistazo en su muro, sino también tenerlo frente a frente y ver de qué color es su risa. Lo difícil que es surfear su malhumor, el dolor de respirar cerca del llanto del otro. La alegría de ver la fe en los ojos tuyos, la desazón de ver la desesperación ajena. Una emoción a cinco sentidos o más sentidos, todos sentidos. La felicidad incontenible que siente el cuerpo cuando constata que todos somos pedacitos de sol caminando por la tierra, tratando de vivir la cosa más misteriosa de todos los tiempos.

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