Friday, April 24, 2015

Arco Iris – Inti Raymi (1973)


1 – Todo se inicia una vez más desde las Fonolas, esas listas de canciones que son el soundtrack de mi vida. Yo sé que podría ser irrelevante contarlo pero las Fonolas son autobiográficas, hay un orden cronológico detrás de esas canciones. Lo cuento porque para aquel 2005 en que Significados Invisibles comenzó, yo andaba consumiendo cds con archivos mp3 a mansalva. Mientras revisaba listas de esos cds, me topé con el nombre “Pastoral” y de inmediato se encendió la cadena de asociaciones con relación a esta banda. Recordé una canción que yo siempre les adjudique por error. Hace poquito me enteré que fue por error. La canción se llama “Camino” y es de Arco Iris. Me llevó un tiempo de investigación enterarme de esto. (Este tema aún no apareció en las Fonolas pero lo hará). Mientras me mudaba de Pastoral a Arco Iris, me quede pensando en ciertas cosas.

2 – Las Fonolas ya llegaron a las mil canciones, de las cuales solo unas 120 son de rock nacional. Más o menos 120 canciones de una lista parcial de 1000: no hubo mucho lugar para el rock nacional en mis escuchas. Tengo más números para cantar: 22 canciones, de aquellas 117 canciones de amor de los ya legendarios 6 cds del período 2005-2006, son nacionales; 51 canciones de rock nacional hay en las 713 canciones de las listas de lo mejor del año de los años 2006-2014.

3 – Y, justo cuando andaba en eso de mensurar cantidad de canciones del rock nacional que me resultaban significativas, salió el número 200 de la revista Los Inrockuptibles con 200 canciones de rock nacional que musicalizaron la existencia de la publicación. Canciones que pertenecían al período 1996-2014. De esas 200 canciones yo tengo 65. Hay razones para esta escasez de rock nacional en mis listas.

4 – Razón 1: una publicación que marcó a fuego mi acercamiento a las músicas fue Esculpiendo Milagros. Ellos tenían una sección en su revista dedicada al rock nacional y se llamaba “Nunca Nada Nadie”. Aún al día de hoy no termine de enterarme si era solo un chiste o si en serio tenían esa lapidaria opinión acerca de las músicas que aquí acontecían. También recuerdo el número con la tapa ilustrada con un tomatazo a Tanguito, emulando el tomatazo a John Travolta de una vieja tapa de la revista Expreso Imaginario. Del más antiguo repudio a la “vanidad” disco al menos antiguo repudio al carácter irreflexivo de los festejos de aniversarios, porque en aquella ocasión el número de EE.MM de 1997 hablaba acerca de los 30 años de rock nacional y las muestras y documentales saludando este hecho. Teniendo este background en cuenta, resulta fácil adivinar porque miro con desconfianza las alabanzas que ciertos periodistas les dan a ciertos músicos.

Que estemos más inclinados a expresarnos que a reflexionar sobre la naturaleza de nuestra expresión es un mal vastamente propagado en nuestros ámbitos. Pero no tendría que seguirse lógicamente que uno tendría que desarrollar alguna clase de sordera basándose en lo antes señalado. Desde esta limitación muy mía parto hacia la Razón 2.

Razón 2: Siempre me ha parecido bastante difícil de soportar la pereza sin memoria de ciertos periodistas y ciertos músicos en lo que a rock nacional se trata. La demagogia, el excesivo apego a las modas, el afán de lucro desmedido, el espíritu acomodaticio, las decisiones estéticas anquilosadas, en fin, todas las mañas de los popes y difusores de popes en nuestros pagos complican el dejarse enamorar por el rock nacional. Pero yo también estoy equivocado. Yo pague pereza ajena con pereza propia. Ellos y yo competimos para ver quien se rasca más las bolas. Siempre tuve desconfianza acerca de lo que cierto periodismo vernáculo está apresurado por venderme. Pero esa desconfianza en los intermediarios no debería anular las experiencias, mi encuentro con músicas que sigo sin conocer y están al alcance de la mano. Para sacar yo mis conclusiones. Siempre va a ser mejor escuchar música que quizás termine por no gustarme que escuchar mi ceño fruncido que hace un ruidoso silencio del sin amor.

5 – Y, ahora sí, el disco y disculpen una intro tan larga. Marcelo Montolivo le dijo “exquisito” en 1991. Pablo Schanton le dijo “esencial” en 2007. Yo dispongo de estos archivos mp3 desde 2006 y en este 2015 me senté a escuchar mejor, porque para mí las Fonolas son eso, sentarme a escuchar mejor mis historias de oyente y compartir con ustedes estas montañas de conmoción.

“Inti Raymi” en quechua significa “Fiesta del Sol”. Es un disco editado en 1973, el año de la masacre de Ezeiza, cuando volaban corchazos entre ultras de derecha y ultras de izquierda al volver el Pocho de su exilio.

Las letras de algunas canciones tienen algo de la agitación revolucionaria de los izquierdistas pero el compromiso político de Arco Iris termina ahí, en sus letras, hasta donde yo sé, al menos. Los que ponían el cuerpo, y a veces la vida, en la lucha revolucionaria eran otros. 42 años después, sin micrófono ni fusil y desde la comodidad de mi silla, yo diría que me siento más cerca de “Inti Raymi” que del E.R.P. Por supuesto, esta dicotomía es falsa y es un absurdo reduccionismo hablar de un tiempo en estos términos. Con todo, siempre me pregunto si alguna chica o algún chico de aquellas agrupaciones (E.R.P., Montoneros, F.A.R., Juventud Peronista, etc.) escuchaba algo de estas músicas.

Inti Raymi originalmente apareció con 9 canciones, cuando lo reeditaron le agregaron 6 bonus tracks. Su preciosismo sonoro no es fácil de describir. Hablar de esto como folklore mezclado con rock solo sirve como introducción, luego se suceden sonoridades que sorprenden, desde el vamos. Las percusiones del inicio en “Elevando una plegaria al sol” nos ponen en clima para algo distinto, una magia de Altiplano en las pampas, músicas para mirarse adentro. Los vientos de “En nuestra frente” nos llevan a pasear, los cambios melódicos colorean ánimos, distintos instrumentos toman protagonismo. “La pastora de los peces” es cantada por una mujer pero no sé quién es, toda la canción me recuerda a esas tonadas de animé japonés. “Abran los ojos”: “¿Quién es el que maneja las fichas de este tablero, que hace miles de años siempre el mismo gana el juego?” Gran pregunta, Gustavo. La hermosísima canción “¿Adonde iras, camalotal?”, con sus aires litoraleños, su ritmo de río, sus sonidos de ensueño. Uno tiene ganas de quedarse a vivir en la embriaguez de este tema para siempre. Esta sola canción vuelve obligatoria la escucha de este discazo. Las voces a coro de “Solo como el cardón”. “No quiero mirar atrás” y su frenesí de ritmo y voces que ceden a secciones más calmas. El disco concluye con el mismo motivo melódico con el que arrancó, dejando cerrada como un círculo a la fiesta del sol. Los bonus tracks quedan un tanto descolgados, fuera del círculo de la obra conceptual. No obstante, “Kukuricú” y “Detrás” se destacan por sobre el resto. Si tenes un disco con 15 canciones y hay algo que remarcar de 10 tracks, entonces estás frente a una obra maestra. Si este disco es recordado u olvidado, poco importa. Si el rock nacional tiene muchos o pocos discos tan grandes como este, tampoco importa. Por encima de consideraciones imprecisas o vaguedades letradas, está esta música enorme. Inti Raymi está aquí para celebrarnos. Sumémonos a su fiesta.

Bibliografía consultada

1 – Marcelo Montolivo – “¿Folklore Rock o Rock Folklórico?” – Revista Rock & Pop – Año 5 – Nº 59 – Marzo 1991 – págs. 44-45.

2 – Pablo Schanton – “El futuro… ¡Fue!” – Revista La Mano – Año 4 – Nº 37 – Abril 2007 – pág. 68.



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