Friday, October 14, 2005

Quiero besarte en el cuello de tus canciones llorosas.

Consideraciones sobre el libro El guardian en el centeno de Salinger y el disco When I said I wanted to be your dog de Jens Lekman.

Primero leí el libro de Salinger que le robe a mi hermano y luego me bajaron el disco de Jens Lekman. Es raro leer una historia ubicada en el invierno en el hemisferio Norte y que esto coincida con un disco invernal del cantautor sueco. Bueno, lo raro es que justo llegue a estas dos obras, hermanas para mi, en la primavera de este año conmovedor. ¿Tengo que aclarar que llore tanto con la novela como con algunas canciones del album? Empiezo por donde puedo: una imagen. Los invito a combinar las páginas 223 y 224 del libro (Editorial Alianza, 226 pag.) y la canción que titula el disco. Otra imagen poderosa: la página 88 y Maple Leaves. Ella volviendo a su casa y llevandose mi amor en sus hombros.
Conocí a Jens Lekman gracias a los oficios del programa radial Mal Elemento (Domingos de 14 a 16 Hs, FM Rock&Pop) y la revista Inrokuptibles (Nº 86, Diciembre ´04). A Salinger ya me lo había recomendado Juan José y lo mencionaron en el Suplemento Sí de Clarín. Pero ninguna de estas fuentes reveló en su totalidad el esplendor que vibra en estas historias. Nadie me advirtió de las chicas que ríen al final de Maple Leaves que viven en el mismo espíritu del chico que canturrea: ¨Si un cuerpo atrapa a otro cuerpo, cuando van entre el centeno¨(Pag. 128). Nadie me dijo todo lo que iba a sufrir por no tener la voluntad de encararla y decidirme por alguien y dejar de soñar con imposibles. Tanta ternura hay en estos sonidos, en estas hojas, que recuerdan a un hogar al amparo del frío que hoy ya no está. La frágil, agridulce, melancolía que se desprende de esta mágica combinación que alcance de casualidad. Lo mejor pasa de casualidad. miro la nieve de los recuerdos acariciar, sin quemar, las flores de Octubre, sentado en la silla de mi soledad. ¡Que gracioso! Saber que muchas cosas pueden reducirse a un mínimo que empalidece (el libro trata sobre un pibe de 17 años que lo echan de la escuela) y solo empequeñece el horizonte de posibilidades (el disco es pop clásico con arreglos novedosos). Prácticas frases cortas que sirven para poco, pero también quiero ser honesto y reconocer que ninguna de las sensaciones que me despertaron estas melodiosas páginas, las puedo expresar con claridad. Solo puedo ver a Holden Caulfield llevandose las manos frías sin guantes a los bolsillos del abrigo, sentado en un banco de una plaza, cantando If you ever need a stranger. El disco trae dos canciones con nombre de mujer, ironías del destino. Lo que vos queres regalarme y lo que yo pienso entregarle a ella. ¡Quiero escribir tantas cosas! Jens Lekman decía que escribir canciones de amor lo enamoraban. En eso estamos. Pedaleando calles, buscandola en vano. ¨Creo que sos hermosa/pero es imposible/hacerte entender/que si no tomas mi mano/voy a enloquecer por completo¨¡Cuando me prestas atención! Me acuerdo y tiemblo. Allie, Phoebe y Holden paseando por el parque juntos, en el dulce pasado irrecuperable de los personajes de Salinger. En fin, lean el disco, escuchen el libro, yo estoy saliendo a ver si puedo verla otra vez.

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