Sunday, October 21, 2018

After Dinner – Editions (1990)



Esta banda japonesa es toda una rareza en mi colección, tan invadida de sustancias anglo y argentinas. Es raro, dentro del mundo de la búsqueda de músicas en los ámbitos en los que me muevo, eso de correrse del eje UK-USA-Argentina. Sabemos poco y nada de cómo andan las músicas de Latinoamérica, ni que hablar de África, Asia, Oceanía, Europa más allá de España, Italia, Francia, Alemania. Cientos de rincones, miles de millones de personas del globo, simplemente pasados por alto. No está del todo bien, ¿no? Bueh, si queremos cambiar algo, empecemos por cambiar las consideraciones. La buena noticia es que hoy hay After Dinner.
De lo que hablo hoy es de un CD que es una recopilación entre material de estudio del período 81-84 y grabaciones en vivo del período 86-90. 18 canciones publicadas por el excelente sello Recommended. Son 73 minutos de música, mucho para estos tiempos de consumo veloces, si es que les es posible poder conseguir esta producción. Últimamente me ha quedado la sensación de que ciertos discos están menos accesibles de lo que solían estar.
El grupo After Dinner, cuyo primer disco se llama After Dinner, tiene una canción llamada… After Dinner, en este CD aparece en versión de estudio y en vivo. Es la canción de bienvenida a un nuevo mundo. Cuerdas, percusión, voces en japonés y efectos de sonido. Misterios de piano y músicas de vanguardia al promediar el tema. Más tarde, la narración prosigue. “Sepia-ture” es el tema que sigue, claras líneas de bajo y guitarra eléctrica y la voz de Haco en algo que suena a folk con bossa nova y jazz. Figuras de violín girando en círculos.  Los grillos del comienzo de “An Accelerating Etude”, voces que me recuerdan a Dagmar Krause y la música toma cosas del Rock In Opposition (Henry Cow, Art Bears), psicodelias de experimentos en el estudio de grabación. “Soknya-doll” y sus sube y baja de voces y teclados, el cielo mareado. Ruidos de caricaturas y percusiones hechas de objetos caseros. Un parque de diversiones extraño. “Shovel & Little Lady”, con sus instrucciones de escucha, con sus percusiones inusuales, suaves misterios de sonidos. Luego la marcha militar de “Cymbals at Dawn” con flautas, la voz de Haco bien al frente, toda una marcha que luego se vuelve graciosamente funky, de manera inesperada, la canción más corpórea del disco, una canción que también tiene su versión en vivo en este CD. “Glass Tube” también viene en dos versiones, de estudio y en vivo, ambas bien distintas. Los tubos de vidrio del tema y ese drama singular en esos seis minutos que dura el track, algo en mis recuerdos me duele y no sé muy bien qué es ni porque. “Dessert”, al disquero de Flores que me vendió este CD le recordaba a Incredible String Band, sí, tiene razón. Ese día también me lleve de Sordos & Crotos, el disco “Crookt, Crackt, Or Fly” de los excelentes Gastr Del Sol. En ambos discos hay grillos y abundancias de magias, tal cual lo noto el Hippie Johnny. Por último, viene “Sepia-ture II”, más marcha de locos, ese final en el que nos dejan solos, primero junto a una radio distante y luego frente al silencio.
Pablo Schanton insistió lo suyo para que los After Dinner se queden en nuestra memoria. Los programó en algún ciclo Estetoscopio en el Instituto Goette, los nombró en, al menos, dos revistas (Revolver, en aquella lista de rapsodias que mencione en el post sobre Throwing Muses, y en la revista que sacaba la cadena de disquerías Musimundo, hablando de lo que él consideraba sus discos favoritos de la historia del rock), musicalizó una tarde en el Parque Japonés con algunas canciones de Haco solista, los nombró en el sitio Pink Moon cuando escribió sobre un disco de Tenniscoats como “un after dinner de After Dinner”. Salvo lo de Pink Moon, el resto sucedió durante los noventas. Gracias, Pablo y una pregunta ¿para cuándo un libro de tu autoría? Ah, casi me olvidaba, lo que Pablo nombraba es el disco Paradise of Replica de 1989 y la canción “Ironclad Mermaid” del mismo. En su momento, 1998, yo solo pude conseguir el CD Editions y catorce años después finalmente conseguí Paradise of Replica bajándolo de Internet.
Después de los nueve tracks del disco en estudio, vienen las nueve canciones en vivo bajo el título Live Editions (1986-1990) en las más diversas locaciones (Holanda, Francia, Italia, el Reino Unido, Suiza y, por supuesto, Japón). Todo arranca con “A Walnut”, justo un tema de Paradise of Replica, se puso en marcha el circo patafísico de Haco y compañía. Solo de batería al promediar la canción,  desaceleraciones de violines y campanas al terminar para dar paso luego a la marcha de “Cymbals at Dawn”. Más tarde viene uno de los temas más hermosos de ellos, “RE”. Casi todas las letras y músicas son de Haco pero en esta canción la autoría y voz son de Tadahiko Yokogawa, quien tiene a su cargo el bajo y el violín en algunos temas. ¡Qué obra maestra es “RE”! Inicio de cuerdas que va y vienen, a los 17 segundos la voz de Tadahiko, cantando como si fuese un himno; al minuto 6 segundos, un cambio de clima. Un relato de violines con violín principal y violines de acompañamiento con percusiones va tomando el lugar y otro cambio maravilloso a los dos minutos cuatro segundos. A los dos minutos 30 segundos, dos voces y cuerdas mágicas y así hasta terminar a los cuatro minutos. Si mi oído no me falla, está cantando en inglés, la letra no figura en el booklet. ¡Todas las cosas que me cuenta esta música, por Dios! No me alcanzan las palabras para contarles la felicidad que siento cuando escucho esta canción. Enorme logro de los After Dinner. “Kitchen Life”  está buena con su ritmo de vals, la voz hermosa de Haco y esos quiebres de clima, esa guitarra eléctrica y las percusiones. “Glass Tube” en vivo suena maravillosa, me gusta más esta versión que la de estudio. La misteriosa tristeza de la niebla de este tema es tan genial. ¡Lo que habrá sido ver esto en vivo! Pegado viene “The  Variations of “Would you like some mushrooms?”, con sus aires a Medio Oriente, un hermoso tema instrumental. Luego el ya mencionado “Ironclad Mermaid”, bajo, piano, percusiones, violín, cambios de ritmo que derivan en música que quizás esté relacionada con el folklore japonés, de esto último no estoy seguro porque conozco poco y nada de música japonesa. “After Dinner”, la canción, esta vez en vivo, suena más poderosa que en su versión en estudio. Y termina el CD otra obra maestra, la canción “The Room of Hair Mobile”. Esta es, simplemente, una de las canciones más hermosas que escuche en toda mi vida. Todo en esta canción es frágil, el canto de los pájaros, el canto de Haco, el piano, las cuerdas, los cambios en intensidades, los suspiros, todas las delicadezas que tienen que observar cantante y banda y a los dos minutos 22 ese estribillo, ah, ¡que belleza! Casi al finalizar lo vuelve a cantar y uno se queda colgado mirando la nada. Cada vez que escucho esta canción, sé que luego no tengo que ver ni escuchar nada de la tele ni de la radio, todo suena repugnante. Después de este amor hay que guardar silencio, al menos por un rato hasta descender al orden cotidiano de cosas, que, en varias ocasiones, es tan solo un absurdo chiste sin gracia.
Gracias, After Dinner. Gracias por tanta hermosura, por tanto amor. Yo necesito estas músicas tanto como necesito agua, comida, aire. Detrás de todos esos sonidos, de todas esas palabras, estamos todos. Escuchamos músicas para revisarnos los tiempos y para trazar puentes de magia hacia las conmovedoras sensibilidades de los demás. No siempre tomamos conciencia de que eso hacemos. Gracias, After Dinner.


Thursday, October 18, 2018

Throwing Muses – Throwing Muses (1986)



En el post de hoy voy a arrancar al revés. 2013. Hace 5 años me acorde de una recopilación que había salido en los ochentas del gran sello 4AD que se llamaba “Lonely is an eyesore” y que fue editado en Argentina por DG Discos, el sello que editaba  acá discos del Reino Unido. Era una recopilación un tanto dark, o postpunk o after o como ustedes prefieran llamarlo. Pero entre tantas bandas inglesas etéreas, o en negro, aparecía una nueva banda estadounidense llamada Throwing Muses con una canción llamada “Fish”. (Si lo buscan, hay un video en YouTube, con letra y todo) Era como rock alternativo antes de que esa denominación fuese la gran cosa de los noventas de aquí y de allá. La línea “Lonely is an eyesore” aparece en la letra de esa canción de ritmo vertiginoso, cantada por una voz tensa y cautivante. La letra me suena a estar escrita en asociación libre y la música suena como folk alterado por sueños que te sacuden. Esta fue la presentación en sociedad de esta gran banda que hasta el día de hoy sigue dando vueltas por ahí. Este disco, del que les hablo hoy, también tuvo su edición en vinilo nacional en 1987, del cual soy orgulloso dueño de una copia de aquella fortuna, porque el arte de tapa salió más claro y lindo. Pero, para asegurarme, en 1997 me conseguí el disco en su versión CD. El vinilo creo que lo conseguí en 1994, no estoy muy seguro.
Este discazo trae diez canciones pero no aparece la canción “Fish”. Lo aclaro para que sepan que hay que ubicar, al menos, dos producciones para escuchar lo que les describo. Por cierto, yo no escuche la recopilación entera, solo me moleste en ubicar el track de las Throwing Muses, me imagino que el resto del disco estará igual de bueno pero  no lo sé.
El grupo consistía de tres mujeres y un varón, este último en la batería. Las chicas tocaban dos guitarras y el bajo. Las guitarristas cantan y componen y son: las geniales Kristin Hersh y Tanya Donelly (averigüen más sobre ellas que ambas tuvieron carreras solistas y bandas).
“Call me” arranca abruptamente el disco, como si hubiese sido mal registrada. Una “rapsodia”, como supo decirle el crítico Pablo Schanton en una revista Revolver en una genial lista de canciones que fui buscando con devota insistencia. Es una belleza “Call me”, diferentes tensiones, diferentes climas en un solo tema, por eso Pablo les decía rapsodias. Luego “Green”, la única canción de este disco compuesta por Tanya Donelly, es una hermosura lo que el bajo y la batería están haciendo. Las voces cambiantes, las líneas de guitarras. “Hate My Way”, todas estas preciosas combinaciones de instrumentos hubo alguien llamado Marcelo Aguirre en una Esculpiendo  Milagros que supo relacionarlas a Captain Beefheart y sus blues mutantes. “Vicky’s Box”, el temazo ese que ya he nombrado en el post sobre Ultra Vivid Scene, es el cuarto milagro de esta obra maestra. Hermosas líneas de guitarra y bajo, cambios de ritmo y narración, conjurando un exorcismo, y la precipitación hacia la liberación del final. ¡Por Dios, estoy llorando otra vez como cuando era pibe! ¡Cuántas veces me salvo esta canción sola! “Rabbit’s Dying”, mezclando festividad y pesar, confundiéndonos.
Antes del lado B hay una interrupción.
Simon Reynolds es un crítico musical que nació y vivió muchos años en Inglaterra y luego se mudó a EE.UU donde actualmente vive. Él escribió varios libros y algunos de ellos se los editaron en castellano. Yo los leí a casi todos: “Después del Rock”, “Retromanía”, “Postpunk”, “Como un golpe de rayo”. Una editorial española llamada Contra publicó la versión en castellano de “Energy Flash”, la cual aun no logre conseguir, y casi seguro que ahora debe estar carísima, por ende inaccesible. En los noventas ya sabía de él gracias a EE.MM. y luego en 1996 pude conseguirme la guía SPIN, esa misma que cite en el inicio del post sobre Toiling Midgets. En este último libro que nombro, que es el primero, cronológicamente hablando, estaba lo mejor de él, aun con sus defectos. Él era joven, éramos jóvenes. Yo disfrute leyendo “Después del Rock” y “Retromanía” pero para el de postpunk algo pasó. O ya no sos mi margarita o justo hablaste de algo que yo más o menos conocía, pero igualmente yo miraba al futuro con esperanzas y sueños, después iba a venir algún gran libro… Y vino “Como un golpe de rayo”… Puede que tan solo sea yo y mi pesado culo viejo pero… no encuentro palabras para describir mi desilusión. No me gustó casi nada. Cuando fui a buscar las canciones de Ke$ha que él dice que tanto le gustan, me encontré con más decepción aun. ¿Y qué es eso de destacar bandas porque vendían muchos discos? Casi no lo puedo creer, viniendo del inventor de la etiqueta “postrock” en una vieja revista The Wire, allá por el 94, creo. Y es que los tiempos cambian y (yo ya debería saberlo mejor que otros) esos cambios no siempre son para mejorar. El Reynolds de estos días ya no es tan recomendable como el Reynolds del ayer y por eso va como homenaje a aquel escriba (rogando que venga el cambio que lo ponga venturoso otra vez) esta lista de discos que apareció en Spin Alternative Record Guide en 1995:
 1 – The Stooges – Funhouse
2 – Public Image Ltd. – Metal Box
3 – My Bloody Valentine – Isn’t Anything
4 – The Sex Pistols – Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols
5 – The Smiths – The Smiths
6 – Hüsker Dü – Zen Arcade
7 – Can – Soon Over Babaluma
8 – The Slits – Cut
9 – A.R.Kane – 69
10 – Throwing Muses – Throwing Muses
Estoy casi cien por cien de acuerdo con aquel Reynolds, excepto por el disco de los Sex Pistols, el cual me parece bastante piola pero no para que figure entre los diez mejores discos alternativos de todos los tiempos (de hecho, nunca entendí porque tanto ruido por los Sex Pistols, cuando los Clash o Buzzcocks o Alternative TV editaron mejores canciones punk a mi gusto pero bueh). Aquel Reynolds que nos recomendaba Throwing Muses guarda poca relación con el de ahora que festeja la frivolidad y el pasatismo como elementos no solo presentes sino de algún modo celebrables de ciertas músicas de nuestros días. Pero el mundo es ancho, el amor es grande, siempre se aparecen voces nuevas para considerar.
Perdón por la interrupción, vuelvo al disco. Nos quedamos en el lado B y arranca con “America (She can´t say no)” que también inicia abruptamente, dando la sensación que tomaron por asalto el estudio de grabación. Cencerros de aquí para allá del parlante izquierdo al derecho, un country rock pero mezclado con post punk. Después de este tema, viene “Fear”. ¡Como se puso el tráfico! Este tema me recuerde un poco a Joy Division pero con dos voces femeninas en juegos de sonidos distintos a los de Manchester. “Stand Up”, la canción favorita de mi amigo Toto, quizás por su prolija confección, la batería firme, las líneas de bajo y las guitarras acústicas. “Soul Soldier”, yo le solía decir a él “de acá robaron los Peligrosos Gorriones” y por ahí tenía razón, ya no tiene sentido discutirlo hoy. Como ya nos tienen ellas acostumbradas, luego de esas tensiones se viene un cambio total de ambiente y llega una cierta calma, como si fuesen dos canciones dentro de una sola. El disco termina con “Delicate Cutters”, una canción a pura voz y guitarra acústica, una canción a puro desgarro.
Justo ahora me acorde de un número de la revista Los Inrockuptibles (que ya no sale más, menos mal que les escribí un homenaje antes de que esto pasó) que fue armado por gustos, preferencias y obsesiones de los pibes de Radiohead. En una de esas páginas, Tom Yorke expresó su admiración por Kristin Hersh y su capacidad para poner cualquier cosa que le estuviese jodiendo en la cabeza en sus canciones para que luego eso no le joda la vida. Los usos catárticos de las músicas, según lo veía el bueno de Tom pensando a la buena de Kristin. Yo no sé si ella estuvo de acuerdo o no con él.
Lo que sí sé es que hay discos maravillosos y este es uno de ellos. Diez grandes canciones que se graban en la calma sangre del aire quieto, en la savia de los vientos. Músicas mágicas.


Sunday, October 14, 2018

The Raincoats – Odyshape (1981)



Este disco me lo conseguí, en su versión CD de 1993, en el ’98. Es un CD original con el booklet y todo pero, no sé muy bien porque, me lo vendieron sin la contratapa. Y mientras escribo esto me estoy preguntando porque nunca busque la contratapa de este CD en Internet. Estaba de oferta en El Atril de Morón, en un local que aun sigue funcionando. Seguramente estaba de oferta por eso, porque no tenía su contratapa.
Tampoco puedo explicarme porque, hasta el día de hoy, nunca me procure una copia de su disco Moving (1984). Sí tengo The Raincoats (1979) y The Kitchen Tapes (1983). Si solo me consiguiese Moving ya tendría todos sus discos, al menos hasta donde yo sé. El sello que les editaba sus discos era el legendario Rough Trade.
Las Raincoats son cuatro chicas. Luego del primer disco, la baterista se fue y el puesto quedo vacante para luego ser ocupado por una variedad de personalidades, entre ellas Charles Hayward (sí, el de This Heat, banda que también les proveía sala de ensayo) y el maestro Robert Wyatt. El hecho de no contar con una persona estable en la batería les agregó una maravillosa polirritmia proveniente de los más diversos instrumentos de percusión.
El inicio es espectacular, “Shouting Out Loud”, percusiones de magia. Se suma el bajo, voces femeninas, pequeños sonidos de instrumentos de cuerdas y, al minuto treinta segundos todo cambia, invasión de violines y guitarras, más tensión, todo eso que parecía querer abrirse paso al principio ahora ya está con nosotros. Ya estamos dentro de “Odyshape”, el disco. “Family Treet”, el track que le sigue, empieza con piano, violines, percusiones, es más misterioso, cambiante, el paso se acelera y desacelera en fascinante confusión. “Only Loved At Night” está habitado por tensiones y sonidos maravillosos, por música delicada y violenta.
Dentro del booklet del CD uno puede encontrar un texto escrito por Kim Gordon (la bajista de Sonic Youth) rememorando la llegada de estas chicas inglesas a EE.UU. También recuerdo que fue Gina Birch, creo, la que formó parte de alguna de las varias mutaciones de los geniales Red Crayola, el hermoso proyecto de Mayo Thompson. Ella también escribió un texto para esta edición recordando aquella transición entre el primer y segundo álbum.
“Dancing In My Head” tomo las lecciones del reggae y las lleva a terrenos nuevos, hipnotizándonos mientras tanto. Guitarras y baterías, voces en primer y segundo plano, belleza en planos cambiantes, todo esto te encontras cuando escuchas “Odyshape”, la canción. “And Then It’s OK”, desconciertos de búsquedas, una canción pop pero como ellas la entienden, sí, tienen ese algo de Red Crayola, es cierto, y les queda tan bien.
“Baby Song”, con esos aires a lo The Slits, otra gran banda postpunk de chicas. El postpunk andaba así, con muchas chicas protagonistas, con ganas de experimentar. Con psicodelia bohemia. “Red Shoes” y su folk enrarecido, contaminado. Y para terminar “Go Away”, el tema del caos de la fiebre, y ¿de dónde hay que irse? ¿Hacia dónde vamos?
Desde el enigma de su arte de tapa hasta cada segundo de cada canción, en cada una de esas nueve visiones, nueve experiencias sonoras estimulantes, que me ayudan a pensar, que me bailan, que me dejan intrigado por la dama en la oscuridad, con el agua del tiempo. Ellas ubican ecos y reverberaciones para que tomes conciencia de la fábula del espacio. ¡Qué hermosura que hay quienes se toman ese trabajo!


Thursday, October 11, 2018

Tuxedomoon – Half Mute (1980)/Scream With A View (1979)



Me pude conseguir este CD original en el 2001. Se lo encarguen a un legendario disquero de Ituzaingo, creyendo que no me lo iba a traer. Pero lo hizo y a un precio bastante razonable para aquellos tiempos. Cuando esto pasó, Daniel me vendió ese CD como si fuese el acto más habitual del mundo. Hoy por hoy, anda a saber cuánto podría llegar a costar y cuanto habría que esperar por el bendito disco. En la superficie del CD figura que está reedición es de 1985, a mi me suena medio raro.
Originalmente fue publicado por Ralph Records, el sello discográfico de The Residents. Pero en el San Francisco de fines de los setentas y principios de los ochentas esta música sonaba fuera de sitio. Fue en la Europa continental donde los Tuxedomoon encontraron su público. La reedición de este LP y del EP Scream With A View corre por cuenta del sello belga Crammed Discs. Muchos de los discos de la banda, sino todos, fueron editados por este sello.
El disco arranca con la oscuridad enigmática de “Nazca” un instrumental con sintetizador, saxo, batería electrónica y un bajo apenas tocado. Luego “59 to 1” gran protagonismo del bajo, vientos, cada instrumento con un montón de espacio entre si, algo que me recuerda al “minimalismo pop” de los Young Marble Giants, estos últimos publicaron su “Colossal Youth” en ese mismo ’79. Pero aquí todo lo que suena parece una cruza de jazz con el techno de Kraftwerk. “Fifth Column” vuelve a la oscuridad post punk, a algo de los misterios de Cabaret Voltaire y Pere Ubu.
Tuxedomoon fue como una suerte de semillero de futuras carreras solistas de la experimentación en los ochentas: Steven Brown, Blaine Reininger y Peter Principle siguieron después con colaboraciones y producciones solistas.
“Tritone (Música Diablo)” es otro instrumental, ya van tres, que tiene un montón de cuerdas, un sintetizador extraterrestre y batería electrónica. “Loneliness”, en cambio, es cantada, pero, hay que decirlo, sus voces no son su punto fuerte. Con todo, esas voces le van bien a esa sensación de confusión y desasosiego típico del ciudadano promedio en las urbes modernas. Respirando la calma inquietud del paso despersonalizado de esas horas. Otro instrumental “James Whale”, el aire contaminado de fuentes sonoras que, de algún modo, nos amenazan. Algo de sus compañeros de sello, The Residents, algo de industrial. En cierto under de los ochentas no había mucha buena onda.
Con “What use?” hasta se puede bailar, me recuerdan a los Japan, otra gran banda olvidada. Y también me recuerdan a los Magazine pero es solo mi oído el que me hace resonar cosas. Busquen y escuchen también estas dos bandas.
El bajo en “Volo Vivace”, otro instrumental y van… Los violines, el pulso del sintetizador. La música para las preguntas incómodas. ¿Qué es está nada en los papeles de los días? Y no poder dormir…
Siete años en una noche… poco a poco avanza “Seven Years” una marcha con violines, una marcha que nos engancha mirándonos los recuerdos, esos que allí están, en rincones poco recorridos de la memoria. Luego “KM”, un instrumental de romance y extrañeza y pegado “Seeding The Clouds”: “Y cuando vayas a dormir esta noche vas a soñar con la pantalla de la TV”, no hay confort para esos espejos que tenes de ojos, hay multimedia, todo viene mediado en tu mente ¿es tu mente realmente tu mente? Ese final de piano y sintetizador a lo helicóptero. Placer.
“Nervous Guy” tiene guitarra eléctrica, algo raro en estos Tuxedomoon. Yo solo escuche otro disco de ellos y lo tengo en vinilo y no recuerdo si había alguna guitarra sonando. “No hablo mucho estos días, no hay mucho que decir (…) no me toques (…) no estoy preparado para sorpresas como esa”. La locura ordinaria, la perpetua ansiedad por lo que nunca ocurre, la intranquilidad cotidiana del que protege lo que no es. “Where Interests Lie” y los miedos típicos de la guerra fría, que hoy prosiguen en nosotros bajo otras misteriosas formas. Esa belleza de final. Las percusiones de “Special Treatment For The Family Man” acompañada por sintetizadores fantasmas y el saxo, quizás aportando algo de calma. Un último track, instrumental también, llamado “Midnite Stroll” termina este magnífico álbum.
Las tensiones electrónicas, eléctricas y acústicas del disco ya se han apagado, así también les paso a esos sonidos que remiten a la música concreta, esas grabaciones de voces aquí y allá. Pero no es tan así, nada se apagó, todo quedo encendido en las alertas inestables de la cabeza. No hay donde esconderse cuando todo lo que te asusta sos vos mismo o vos misma. En este disco hay claves para romper miedos: Tuxedomoon se hicieron preguntas a si mismos y se respondieron grabando, entre otras cosas, esto. Nosotros les agradecemos esos goces sonoros escuchándolos.


Sunday, October 07, 2018

Lucky Dragons – Dream Island Laughing Language (2008)


Votado como el mejor disco del año por Philip Sherburne, periodista de la revista mensual inglesa The Wire.
Puede que no importe este dato pero esta es la segunda vez que nombro a este periodista en SS.II. La primera vez fue en un post del 11 de diciembre de 2014 acerca de un disco, y una canción, de Autechre. Lo más gracioso de todo es que no recuerdo haber leído nada que haya escrito él. Nunca lo leí pero ya van dos veces que trata acerca de músicas de las que me interesa escribir.
Yo no sé si este es el mejor disco que se publicó en aquel 2008, hoy por hoy, me suena exagerado. Pero tampoco estoy tan de acuerdo con la marcada indiferencia que parece que tuvo la prensa musical sobre esta producción. Yo no recuerdo haber leído nada sobre ellos y este disco en particular. Sin necesitar decir que fue el mejor y sin pensar que podría parecerme lógico que lo olviden, yo te escribo hoy esto.
Me lo bajaron de Internet, esta vez no lo pude conseguir original. Cuando lo obtuve, allá por septiembre del 2009, seguramente el disco original (si alguien se digno a traerlo importado) estaba a un precio exorbitante. Cuando me lo bajaron, algo le pasó a la impresora del flaco que me armó el CD. Si los vientos de Internet me son favorables, junto a este texto vas a ver una ilustración. Esa es la tapa de mi CD. Si queres, podes navegar por las Imágenes que el buscador de Google ofrece cuando le escribís el nombre de esta banda y de este disco. Y si decidiste hacerlo, vas a ver que mi arte de tapa simplemente no existe. Eligieron alguna de aquellas artes de tapa originales y me la imprimieron mal. Ese error convirtió a mi CD en un objeto hermoso, siempre me acuerdo de este CD por eso, porque me acuerdo de esa bella tapa es que me puse a escribir sobre este álbum.
Más auto referencias. El 4 de enero de 2010 publique en este blog la lista de lo que me había parecido los mejores discos y las mejores canciones del 2009 y allí está. Justo en el número 22. Las listas no tienen ningún orden, ni jerárquico, ni alfabético, ni cronológico, tal vez, a veces, solo un poco auto biográfico, eso es todo. Como ya lo había nombrado, en las Fonolas ya no lo nombre. ¿Qué tiene este disco para ofrecernos?
¡Tiene 22 tracks! 4 de esos veintidós tracks no superan el minuto de duración. Hay 6 temas que no superan los dos minutos. Hay 5 temas al final que figuran como temas extras de este CD. Miniaturas experimentales. Tribalismos electrónicos. Un bosque de sonidos para la perplejidad. Como si fuesen unos Animal Collective más extraviados. En el track 4 “Morning ritual” hay encuentro y desencuentro de percusiones, al ir los dos instrumentos en dos tiempos distintos (alguien  que sepa de tempos en música lo podría explicar mucho mejor que yo).
¿De donde son? ¿Qué sello discográfico les publicó este disco? Cuando entre a Discogs a ver su discografía me enteré de que hay muchos discos más de ellos que no conozco y, por supuesto, tampoco los tengo pero me olvide de anotar estos pequeños detalles que hoy se quedan fuera del post.
Zelmar Garín, High Places, Faust, The Godz, un mar de nombres se me cruzan por la cabeza mientras los voy escuchando. La inquietud de “Mirror Friends”. Voces como aves en “Givers” con algo del sabor de The Dirty Projectors. “My Are Singing” con sus cuerdas de folktrónica (¿alguien se acuerda de la folktrónica hoy por hoy?) Esas percusiones y teclados en “Realistic Rhythm”, estoy con los auriculares, siento que están tocándome el cerebro. “Tune For Wind Dog” me hace recordar a algo que grabó John Fahey con el sonido crudo de un puente pero acá todo suena más aumentado, menos misterioso que en aquella canción. “Wooden Cave Loop” y sus maravillas de voces como ramos de flores, mi canción favorita de este disco.
Casi no hay letra, casi no hay palabras en la música de los Lucky Dragons, en este disco al menos la cosa funciona así. Nos quedan las abstracciones que la abstracta música nos vaya trayendo. El Sueño Isla Risa Lenguaje que te vas inventando en cada nueva escucha. Ellos sonaron, vos otórgale algo al aire que te baila, casi imperceptible.


Wednesday, October 03, 2018

Ultra Vivid Scene – Joy 1967-1990 (1990)


“Una tradición (la del pop inteligente) que se abría paso a principios de los 80s con el pop minimalista de los Young Marble Giants (…), tenía su camino ascendente en la etapa intermedia de Scritti Politti (…), llegaba a la cima con los tres primeros discos de The Associates. Finalmente, hacía un curioso quiebre de cintura en el “Darklands” de los Jesus and Mary Chain para concluir este año en el que quizá sea el último exponente de pop perfecto: el “Joy 1967-1990” (el título no es casual) de Ultra Vivid Scene”.  Norberto Cambiasso  en la revista Rock and Pop Año 5 N° 57 Enero 1991 página 42.
Ya pasaron 28 años desde que Cambiasso escribió este texto que inicia este post de hoy, es bastante probable que él ya no piense las cosas como solía hacerlo. De hecho, siendo que realmente disfruto de cada uno de los cinco grupos nombrados en ese texto, yo tampoco estoy tan seguro de estar de acuerdo con él. No estoy seguro de que las músicas funcionen según esa línea original que él supo trazar (que sí es original, al menos para mí lo es, nunca leí a nadie más que ubique estas relaciones en el pop anglosajón de los ochentas). Y, hoy por hoy, tampoco me gusta que use ese pop inteligente o perfecto como contraparte de “Madchester” como él lo hacía en esa nota. Podemos reafirmar la fuerza de unas músicas sin tener que dar cuenta de la supuesta debilidad de otras músicas. No obstante, cito ese texto porque en su momento me fue útil para buscar grandes discos y creo que sigue siendo útil en estos días también.  Y, de paso, explico cómo llegue a ciertas músicas.
Primero me lo conseguí en versión vinilo allá por el ’94 y luego en CD cinco años después. Hubo una vez en la que nombre una canción de este disco en SS.II. Fue en un post del 23 de agosto de 2006 cuando hable de unas recopilaciones de canciones de amor. 60 canciones de amor, “Special one” era la número 55. Pero, mucho antes que eso, “Joy 1967-1990” ya era un disco que me obsesionaba. Déjenme contarles una anécdota.
Cuando era pibe tenía 3 sueños: cantar en una banda de rock, hacer un programa de radio para pasar mis músicas favoritas y escribir en una revista de rock. Con este blog cumplí, estoy cumpliendo y cumpliré con ese tercer sueño. Lo de cantar ya no me excita como en mi juventud, el rock ya no es lo que era y eso de que te aplaudan no es para mí duodeno. Pero lo del programa de radio… Bueh, una vez allá por el ’95 o ’96 arme un demo de mi propuesta radiofónica. Yo le parloteaba a un micrófono como si ya estuviese trasmitiendo y luego pasaba canciones de mis vinilos. Esto fue lo que elegí para esa mágica ocasión:
1 – Los Pillos – Viajar lejos
2 – The Beatles – Within you without you
3 – Cocteau Twins – Sugar hiccup
4 – Almendra – Para ir
5 – Brian Eno – Needles in the camel’s eye
6 – Love & Rockets – No big deal
7 – Throwing Muses – Vicky’s box
8 – Ultra Vivid Scene – Poison
9 – Pink Floyd – Take up the stethoscope and walk
10 – Peter Murphy – The final solution
11 – REM – Pop song 89
Los primeros cinco temas en el lado A de un TDK 60 y el resto en el lado B y mi programa de radio iba a llamarse Los Lados. Recuerdo que, como gancho, se me ocurrió un juego con mis supuestos oyentes. Les pedía que encuentren lo que todas esas canciones tenían en común y la respuesta era que todos sonaban en su versión en vinilo. Cuando un amigo escucho esta cinta, se entusiasmo lo suficiente para proponerme grabar una nueva cinta con otros temas, con nuevo juego con los oyentes  y con su participación. Él luego se llevó esa segunda cinta a sus pagos de Villaguay, Entre Ríos para probar suerte en las radios locales. Hasta el día de hoy, nunca hice un programa de radio.
Como último párrafo de auto referencias: está la canción “Guilty pleasure” que figura en el puesto número 282 de la Fonola de materia gris Parte 6 del 26 de marzo de 2014. Bien, 3 canciones de 12, en tres contextos bien distintos: el amor o un programa de radio o listas de canciones de determinados discos. Solo tres pequeños ejemplos de los cientos de escenarios que surgen al escuchar.
El rango de voz de Kurt Ralske es un tanto limitado, es cierto. Pero es la voz que sus composiciones piden. No puedo imaginarme esas mismas canciones en otro vocalista técnicamente más preparado, prueba suficiente de que con la técnica no hacemos la gran cosa.
“It happens every time” es un gran inicio de disco. Luego le sigue “Staring at the sun”, un temazo cuya letra figura tanto en el sobre interno del LP  de vinilo como en el booklet del CD. Una canción que habría sido un hit si los programadores de FM no lo hubiesen ignorado por completo. Luego “Three stars” con sus hermosos cambios de ritmo, con su combinación de lo acústico y lo eléctrico. Lujos editados por el gran sello 4AD. “Special one”, la canción de amor, esa en la cual canta Kim Deal, que por aquellos días tocaba el bajo y cantaba en los Pixies. El frágil encanto de esta canción se ve coronada por la dulzura de esa voz femenina. “Grey turns White”, la canción que le sigue, tiene geniales arreglos. Y el tema “Poison” cierra el lado A, la canción ideal para cuando el día se termina y uno se revisa recuerdos de las jornadas.
El lado B arranca con todo, con mi canción favorita del disco, “Guilty pleasure”. Una excelente canción por donde la escuches, todas esas guitarras lujosas, la batería, los teclados. Una maravilla, tan solo este tema ya vuelve obligatoria la escucha de esta obra maestra que es “Joy 1967-1990”. Le sigue “Extra ordinary” un tema hermoso pero que justo quedó detrás de “Guilty pleasure” y de algún modo yo ya no lo escucho con tanto entusiasmo como con el track anterior. Pero, ojo, presten atención a ese final grandioso. Sorpresa.  Más tarde “Beauty #2”, su inicio de misterio, susurros tan cerca del micrófono y con resonancia que suenan como una voz dentro de la cabeza, detalles bellos en segundo plano y un final a toda máquina. “The kindest cut” con sus arreglos de cuerda, la presencia de órganos y sucesión de paisajes. “Praise the low” viene después, con una poderosa influencia del folk inglés, la percusión, la guitarra, las cuerdas. Quizás el tema más frágil del disco entero. Finaliza esta maravillosa placa el tema “Lighting”, un tema con ritmo marchoso, nos vamos del disco en un viaje, a paso firme.
Ultra Vivid Scene editó discos antes y después de este, yo tengo el CD anterior a este, también muy recomendable y una canción en una recopilación del disco que le seguía. No obstante me parece que este disco es el lugar indicado para iniciar la experiencia Ultra Vivid Scene. Hermoso arte de tapa, 12 enormes canciones, no hay tantos discos así.


Sunday, September 30, 2018

Microdisney – Everybody is Fantastic (1984)



“Idea”. Por favor, sigan ese bajo con sus oídos tal si fuesen ojos y escuchen esa interacción que tiene con la guitarra. Escuchen al teclado mutar de un segundo a un primer plano. La cámara que le pusieron a la voz de Cathal Coughlan, los lujos de las músicas de Sean O’Hagan.
“A Few Kisses”. El piano y la percusión del inicio, guitarras en primer plano y esa misteriosa guitarra en segundo plano, todo conformado para conjugar en sonidos ese crepúsculo en el arte de tapa (¿o es amanecer?). Sigamos abrigados en nuestro abrazo, amor.
“Escalator In The Rain”. Este tema con el entretejido de guitarras entre The Smiths y Felt. Escuchen ese final que arranca a los 2:44 hasta los 3:37 y siéntanse tan enamorados como nosotros. Una nota: dicen los que saben que Cathal puso muchas lluvias en sus letras en 1983.
“Dolly”. La guitarra acústica del inicio y esa batería y esas líneas de bajo, elegancias de 1984 en aquel 2001 previo a una nueva caída. Dinámicas cambiantes. Final en fade out y el pelo mojado de ella mientras revisa esos mensajes del celu.
Aparte de este CD yo tengo “The Clock Comes Down the Stairs” de 1985 en vinilo brasileño, ambas producciones fueron publicadas por el genial sello Rough Trade. Con la ayuda del librito del CD que viene con un texto de David Cavanagh escrito en 1996 en ocasión de aquella reedición, me entere de algunas cosas. Que eran irlandeses emigrados a Londres en busca de mejores oportunidades, oportunidades que no se hicieron ver. Microdisney viene a ser algo así como una  banda secreta de los 80s. También me fue de ayuda la entrada que Nick Dale escribió sobre ellos en Rock The Rough Guide (aparece en la página 569, para ser más preciso). De ambas fuentes me pude enterar que el gran John Peel los bancó bastante. Bueno, basta de pausa, sigo con las canciones.
“Dreaming Drains”. En este tema Cathal Coughlan parece desdoblarse en dos voces que se alternan en una composición que parece calma pero no lo es hasta que, finalmente, larga esa línea: “¿Cuánto pasó desde que te dije cuanto te odio?”
“I’ll Be A Gentleman”. Apenas arranca, el ritmo de este track ya nos tiene bailando. “Bailá conmigo por favor, seré un caballero pero no me aprietes tanto, ya ves, soy frágil”. La guitarra al estilo country de Sean en intretejido con el piano y el teclado.
“Moon”. La batería electrónica y el protagonismo del bajo que luego es ocupado por el piano. Estaba esperando este lento, esa melodía.
“Sun”. ¡Como me gusta como los elementos sonoros se van sumando a esta preciosa canción! El optimismo irrefrenable de la música y la forma de cantar de Cathal. A propósito, este tema es el que elegí cuando escribí las Fonolas (ver la canción 421 de la Fonola de materia gris parte 9 del 24 de agosto de 2014).
“Sleepless”. Luego de “Sun” este tema queda medio de garpe, me parece hoy. Y con todo, no está nada mal, con esa guitarra.
“Come On Over and Cry”. Hay un momento, allá por el 00:38 del inicio de la canción que retuerce la narración, es un motivo melódico de la voz que es repetido varias veces. Luego Cathal se queda farfullando fuera del primer plano.
“This Liberal Love”. Este tema es el que es citado en el inicio del booklet: “El mundo no fue bueno con él a menos que su deseo fuese la orden del mundo”, todo esto en un tema que suena a Rock Orientado para Adultos, a lo más conocido de Fleetwood Mac.
“Before Famine”.  La guitarra acústica me recuerda a los Go-Betweens, otra olvidada y gran banda de los ochentas. Las dos bandas estaban tocando y grabando en el mismo periodo de tiempo, vaya a saber quien inspiró a quien.
“Everybody Is Dead”. Este tema siempre me sonó a un cruce entre Steely Dan y The Blue Nile. Alguien le hace una segunda voz a Cathal pero no sé quién. Los gritos del cantante y líneas de guitarra que había olvidado.
“Dear Rosemary”. El final, una voz y una guitarra acústica. Yo buscaba por los cielos de Moreno en aquel 2001 fotos como esa que ilustra la tapa mientras sonaba esto en mi discman.
14 canciones y 14 comentarios tratando de acertarle al núcleo tierno de este hermoso disco. Y justo dejó de llover. Y me quede en perplejo silencio, pensando porque no les dieron bola a los Microdisney. No importa. Quien quiera oír, es por acá. Todo el mundo es fantástico.


Wednesday, August 22, 2018

Toiling Midgets – Sea of Unrest (1982)



“Around the same time, Eitzel attached a much better set of lyrics and vocals to “Son”, an album by his San Francisco peers Toiling Midgets – look too for their excellent junkie mumble album, “Sea of Unrest”. Eric Weisbard Entrada sobre American Music Club en el libro Spin Alternative Record Guide 1995 Vintage Books página 12 EE.UU.
Hasta donde mi memoria llega a recordar, esto es toda la literatura que me llevó a este disco, ese párrafo que cite al principio del post. Lo incluí así, en inglés, para no traicionar al texto original con mis adaptaciones al castellano. Aunque el libro es del ’95, yo lo pude conseguir al año siguiente y en 1997 llegue a hacer la traducción de aquella entrada sobre el grupazo American Music Club. El CD en sí lo compre, original y en oferta, en el ’98. En lo que respecta a las Fonolas, pueden ir a la Fonola número 5 del 25 de marzo de 2014, a la canción número 246 (“Destiny”). Esta canción abre el disco, siempre me gustó el inicio de este CD. Hoy, voy a tratar de rememorar esas otras canciones que no entraron en las Fonolas.
Es cierto que no tengo libros o revistas que hablen de ellos pero el CD venía con booklet y este trae algunos datos a agradecer. Los Toiling Midgets eran un quinteto: dos guitarras, bajo, batería, vocalista. Comenzaron como combo instrumental, resultado de la combinación de dos bandas punk de San Francisco: The Sleepers y Negative Trend. Luego se les unió Ricky Williams con su voz y sus letras, figura de culto cálidamente recordada por Tom Mallon en ese mismo booklet.
Este disco es la demostración de que  el punk tiene más para ofrecernos de lo que comúnmente los oyentes están dispuestos a esperar. La combinación entre lo acústico y lo eléctrico en “Late Show”. Los cambios de velocidad de “Destiny”. La voz singular de Williams, poderosa y burlona, imprimiendo urgencia, poder y desviación a esas canciones. “Microage” y su impresionante fuerza. El juego entre las dos guitarras.
Dicen los que saben, en ese booklet, que Williams fue un incisivo letrista y vocalista de atención pero también un tipo inestable que dejaba a la banda de garpe en más de una ocasión. De hecho, está “All the girls cry” como track instrumental para atestiguar toda la bella amenaza de la banda ya sin su cantante presente, quien luego falleció.
Mark Eitzel, el genial y sensible cantante de American Music Club, es mencionado como discípulo de Williams en el booklet. Yo no sé si fue tan así, más allá de que ambas bandas compartieron tiempos, geografías y miembros de banda.
La reedición en CD de este disco es de 1993, por el sello Fistpuppet Records. El arte de tapa, con un dibujo en blanco y negro, casi pasó desapercibido en la batea de ofertas de aquella disquería sobre la avenida Santa Fe, en una de esas famosas cuevas donde nos internábamos a extraer estas piedras preciosas en la forma de once canciones.
“Sea of Unrest”, la canción, la cual cierra este disco, parece una canción parida por unos Nick Cave and The Bad Seeds en esos grandes momentos que suelen tener. Cuando menos lo esperábamos ya se terminó el disco y estoy listo para beber algo más.

Saturday, August 04, 2018

Eyeless In Gaza – Back From The Rains (1986)


“(…) donde manufacturan un elaborado paisaje casi impresionista de folk eléctrico y con el que, un poco ingenuamente, pretenden llegar a un público más amplio y abandonar de una vez su poco rentable estatus de banda de culto”. José Manuel Caturia en la revista Factory N° 9 (España) Enero-Marzo 1996 página 17
En esta ocasión, a diferencia del post anterior, la música es más accesible, la banda editó varios discos y yo los mencione en las Fonolas. Fue en la tercer fonola, publicada el 15 de marzo de 2014, en la canción número 143. Lo que si comparten los Metabolist y los Eyeless In Gaza es su notoria ausencia en esas famosas listas de lo mejor de… Conclusiones: parece que hay una porción importante de críticos que han decidido olvidarlos y no nos hace falta confiar tanto en esas listas.
Otra vez en los noventas, con el uno a uno del peso- dólar del menemismo y bla bla bla. En todos los kioscos, incluso aquí, en el remoto partido de Moreno, se conseguía esta revista importada de España. Durante el ’96 leí sobre este dúo y en el ’97 me compre el CD original importado a 16 pesos (por un tiempo lo vendían a 30 pesos, diez pesos por arriba del precio promedio de un CD en aquellos remotos tiempos, luego fue a parar a la batea de ofertas, quizás porque la disquería necesitaba la entrada de efectivo.)
Nunca escuche otro disco de Eyeless In Gaza, ni los proyectos solistas de Martyn Bates y Pete Becker. Este disco de 1986 fue publicado por el excelente sello indie inglés Cherry Red, un sello legendario a estas alturas. Y, en lo que a revistas se refiere, solo leí sobre ellos una vez más. En la revista Esculpiendo Milagros número 8 (Mayo de 1995), en la nota sobre post- grindcore de Marcelo Aguirre en la página 40. Sin embargo, no estoy cien por cien seguro de esto. Quizás también fueron mencionados en alguna Inrockuptibles pero no puedo recordar en que número. Mientras escribo esto me pregunto por qué no busque nada más de ellos y porque no busque más data de la que ya tengo acerca de ellos. Pasaron 22 años y yo parezco estar esperando. Esperando lo que el kiosco ofrece, tal como ayer esperaba lo que las disquerías ofrecían. Si este CD no hubiese estado en exhibición en aquella disquería, ¿habría alguna vez escuchado algo de ellos?
Eyeless In Gaza es el nombre de un libro de Aldous Huxley, el mismo escritor que publicó Brave New World, acá conocido como “Un mundo feliz”. Mi hermano leyó ambos libros en castellano. El primero no le gustó, el segundo sí. El segundo es un clásico de las novelas de futuros distópicos y el primero es menos conocido. Su título fue traducido como “Ciego en Gaza”, lo cual no es tan acertado. “Blind” vendría a ser ciego en inglés, “Eyeless” vendría a ser “sin ojos”, lo cual es muy distinto a ser ciego. Todos los ciegos que yo conozco tienen ojos aunque no puedan ver con ellos. Con todo, el diccionario español-inglés que tengo reconoce el término “eyeless” como “ciego” en segunda acepción. Que queres que te diga, a mi no me suena bien.
En lo que respecta al disco en sí, tiene varias cosas a destacar. Martyn Bates se manda a cantar a capela en un par de ocasiones, el track que inicia el disco, “Between These Dreams”, y el cover, no reconocido en el booklet del CD, “She Moves Thru The Fair” una canción tradicional que también registraron los Fairport Convention en 1969. (Yo supe de esto recién en 2012.) Cuando es solo su voz la que lleva la canción, me hace recordar a esos musulmanes recitando salmos del Corán los domingos a la mañana por la Televisión Pública. En ambas instancias me siento a gusto con lo que estoy escuchando y también siento una suerte de vibra religiosa en mi ánima.
Es cierto lo de la influencia de Tim Buckley en su forma de cantar, tal como lo notó Caturia en su artículo de la revista Factory. Pero también aparecen otras influencias: ese homenaje de la línea “Everything still, everything silent as after the rain” de “Lie Still, Sleep Long” que viene directamente del Scott Walker de “The War Is Over (Sleepers) (Epilogue)”. El órgano de “Scent On Evening Air” que me recuerda a la cantante Nico solista. Los aires psicodélicos del inicio de “Your Rich Sky” que suenan a The Teardrop Explodes.
También está el bello tema instrumental corto “My Last, Lost Melody” que cierra el disco y luego vienen 4 temas extras de un  single disco 12 pulgadas de 1983. Los 17 tracks de este CD me hacen acordar al invierno, salvo una canción. Quizás porque conseguí este disco durante esa estación. Pero es un invierno con onda, cantando canciones para darnos calor mientras afuera el gris paisaje de llovizna y vapor saliendo de nuestras bocas nos invita a refugiarnos.
La dulzura pop de “Catch Me”, el delicioso balanceo, como si fuese un vals, de “Sweet Life Longer”. Decime si no parece que estuviésemos todos cantando, ebrios de hermosura, con Martyn, como si hubiésemos  conquistado sueños anhelados por largo trecho.
“Flight Of Swallows”, el único tema del disco que me recuerda al verano, al “verano corriendo por una avenida de árboles en el sol”. A dos cuadras de donde yo vivo hay una avenida de árboles y cuando doblo para volver a casa, hay árboles que se ponen gloriosos cuando llega el otoño. “Aunque el verano ya se fue, la arena todavía nos alcanza”. El sonido del piano, el sonido de la guitarra, la segunda voz femenina, la emoción urgente, casi dramática con la que canta Martyn para luego llegar a la calma final.
Ese momento en que el verano se va volviendo otoño. Ese momento en el cual el día se va volviendo noche. Ese momento en el cual un disco se vuelve el aliado indispensable para soportar el sopor de los días. Puede que el mundo nos decepcione cada vez más pero la vida jamás nos decepcionara. Este disco es el vehículo de esa vibrante vida.


Monday, July 30, 2018

Metabolist – Hansten Klork (1980)


“Que el legado más radical del post punk descansa en bandas tan oscuras como Metabolist, The Pop Group, Deep Freeze Mice o The Good Missionaires.” Norberto Cambiasso en Esculpiendo Milagros Número 3 página 24 Octubre 1993 Argentina.
“Otros ejemplos de los vestigios psicodélicos en la música inglesa actual son más musicales y profundos, caso de Metabolist, un grupo industrial muy interesante y actualmente desaparecido, que se descuelgan con su único LP con un pedazo en el más genuino desarrollo a la Pink Floyd.” Adolfo Marín – La Nueva Música Del Industrial al Tecno-Pop página 153 1984 Ediciones Teorema España.
En 1993 me entere que este grupo existía, trece años después de los hechos. Años más tarde, en el 2002 para ser más preciso, me compre el libro de Marín. Era un libro usado pero me lo cobraron a precio de nuevo en una librería de la calle Corrientes. Me pareció injusto el día que gaste mis dineros pero luego cambie de opinión. El libro aún hoy sigue tan nuevo como en 1984 y en el 2002 también.
El 31 de enero de 2008 tuve mi copia de este disco. Me lo bajaron de Internet a pedido mío, yo le dejaba una lista de discos buscados a un tipo y semanas después abonaba y retiraba lo que habían logrado bajar. En un post del 10 de enero de 2009 yo hable de este disco, nombrándolo en la lista de los mejores discos que había escuchado en el 2008. Por esta razón no nombre ninguna canción de ellos cuando arme las Fonolas un tiempo atrás.
Este fue el único disco que ellos editaron en su propio sello discográfico, en vinilo. También editaron dos casetes. Hoy por hoy, llueve información a cántaros por Internet. El dios Google ha dejado todo lo que se editó y lo que no también al alcance de un clic. Con ir a Discogs y con ver la primera página de búsquedas que te tira la compu ya hay todo lo que necesitas saber. Esta híper accesibilidad más que ayudar perjudica. En la escasez de ayer uno terminaba ejercitando más la imaginación y cultivando la paciencia de las enormes esperas. Había mucho más deseo de escuchar. Hoy hay más acumulación de archivos que ejercicios de reelaboración.
El disco original tenía 7 canciones, la reedición japonesa del 2007 traía 6 bonus tracks. Este es el material que me bajaron, el cual dejaba al oyente con casi todo lo que Metabolist había publicado entre 1979 y 1981.
Cuando Marín cita a Pink Floyd tenía en mente al grupo durante la era de Syd Barrett, los mejores días de 1966-1967, cuando el grupo derramaba lujosas músicas psicodélicas. Aquella alucinógena herencia, sumado a algo del Rock In Opposition y a algo de la música industrial de Cabaret Voltaire y el kraut rock de Faust y Neu! dan como resultado las canciones de Metabolist. A este coctel de milagrosas influencias tenemos que sumarles el dub jamaiquino de King Tubby y otros y las exploraciones de Pere Ubu en U.S.A. Es música rock, es cierto. Pero es rock hecho por gente informada que trabajaban para sonar lo más personal que pudiesen. Lo que ellos lograron es ciertamente asombroso.
Track 11 “Identify” a los dos minutos y medio un puente de misterio sonoro entre la marcha post punk antes y después. Track 1 “Curly Wall” nueve minutos treinta de duración. Arranca firme y bailable, el uso del saxo para remarcar el avance. A los dos minutos 43 segundos todo cambia, la base gana aun más presencia, estamos en territorio menos amigable. Un falso final a los 8:32 minutos y luego más marcha. Track 2 “Alien On Sunday” con los trucos sonoros de P.I.L. era Second Edition. La influencia de Chrome, incluso. Esta canción es pop por momentos. Track 3 “King Quack” y su aire a Henry Cow. El delicado desconcierto de “Lights”, el track 4. Con estas músicas hay terreno de sobra para ponerse a pensar. El inicio genial de “Hoi Hoi Hoi”, el track 5. No tengo forma de poder saberlo, al menos por el momento, pero creo haber escuchado esto en Cemento. El dj de Cemento Eduardo Krumpholz en los primeros noventas tenía algún tipo de vinculo con EE.MM (incluso escribió su lista de los mejores discos de 1992 en el número 4 de febrero de 1993, cuando aun eran “Escupiendo” en vez de “Esculpiendo”) y algunos de aquellos primeros números de la revista aparecieron exhibidos cierta vez en aquel boliche. Yo esperaba leer algo acerca de esta conexión en el libro de Nicolás Igarzábal sobre Cemento pero no fue así. El más misterioso “Merchandise”, que se me antoja una puesta en escena sonora de una desconfianza radical hacia los beneficios de lo mercantil. Lo tribal en el track 7 que le da título al disco. El sonido del agua. Lo electrónico y lo industrial en “Dromm” (también el nombre de su label), el track 8, el primer tema de la tanda de temas extras. El complejo trabajo con cintas, fuentes sonoros y efectos de grabación al estilo “estudio de grabación como instrumento musical” del tema “Slaves”. Y más misterio aun en “Eulam’s Beat”, cuyo engañoso título nos haría esperar algo rítmico como ellos hicieron en otros tracks de este estupendo disco. “Le Grand Prique” cierra el disco, este tema apareció originalmente en un “split” con la banda Die Form.
Hubo una coyuntura particular de circunstancias político económicas y socioculturales para que aparezca un disco así. Y todo resultó desfavorable para que el grupo se volviese al menos más conocido de lo que fue. Hoy todo es distinto, no hace falta pedirle a los grupos de hoy que homenajeen a este disco de ayer pero sí se les puede pedir que construyan algo tan personal y desafiante como esto.
Hasta el momento no me tome el trabajo de averiguar de dónde venían los músicos de esta banda y que fue de sus vidas luego de Metabolist. Si Drömm Records publicó algo más aparte de ellos. Que perseguían con el diseño gráfico de sus discos en “Suprematist style”.
A 38 años de distancia de aquellos eventos, hoy suena raro que esto siga siendo un secreto para las mayorías. No tendría que ser necesario ser un excavador de las pirámides del “industrial” para dar con este tesoro. “Hansten Klork” es la prueba más convincente de que el rock podría ser movilizante y no tan solo entretenido.


Sunday, May 20, 2018

La Reunión


1 – Hace unos meses atrás, cuando di por terminada la colosal tarea de hacer las Fonolas, deje, en algunos de los posts posteriores, algunos de esos pedidos demenciales míos a cualquiera. Pedí que me pidan historias y pedí que manden las mismas por mail. Tan solo un lector dejó su pedido en los comentarios y hace mucho que no reviso mi mail, así que no sé si alguien dejó algo allí para publicar o no. Hoy estoy cumpliendo con ese pedido.
2 – Para fines de octubre de 2010 me junte a charlar con mi sobrina María Luz. Ella todavía vivía con sus padres acá en Moreno. Entre mates, palabras y risas, yo me lleve en un pendrive un montón de archivos mp3 de Las Pastillas del Abuelo. Con todos esos tracks me arme cuatro discos el 10 de noviembre. En aquellos días elegí no hablar de ellos en SS.II.  porque no me había parecido que se hubiesen destacado en nada en especial. Varios años después decidí hacer y publicar Fonolas y ahí sí di testimonio de haberlos escuchado. Las dos canciones del grupo que elegí nombrar están en los ordenes 1701 y 1702 de la Fonola de materia gris (Parte 35) que fue editada el 10 de julio del año pasado.
3 – Luz tiene los discos originales de la banda. También fue a verlos en vivo en varias ocasiones. Su hermano, el Pequeño Saltamontes, también los vio en vivo. En aquellos días, hoy tan lejanos ya, yo le dije a ella que iba a sumarme a la patota para ir a verlos. Hasta el día de hoy no cumplí y, honestamente, no creo que lo haga en el futuro. EPS es el lector que me pidió este texto y yo…
4 – Yo no creo ser quien debería escribir esto. Sospecho que los textos sabrían mejor si fuesen cocinados por Luchiz o por EPS. Yo no sé nada de Las Pastillas del Abuelo, ni siquiera me gusta la voz del cantante, ni me siento apasionado por sus músicas. Pero por algo los nombre y por algo prometí.
5 – Mi versión de “Enano” no es la versión original que apareció en 2006. Mi versión suena como un demo casero grabado en vivo con las voces del cantante y compañía hablando mientras de fondo suena el riff de guitarra acústica que se mantiene a lo largo de gran parte de la canción. Gracias a ese riff, la canción figura en las Fonolas. Mi versión atorranta de la canción suena menos convencional, menos “rockera”, se me antoja. Sin solos, con percusión antes que batería, con aplausos al final. Al escuchar la canción, me siento como que estoy con ellos y me siento sin presiones. No hay que saberse la letra de memoria, no hay que poguear. Y de paso, sentado con ellos, entre mate y mate, pedirle al cantante que deje el acento de barrio a un costado. Que así, su universo expresivo empezaría a crecer.
6 – Nada tengo para decir de la letra. Esto marca una gran diferencia entre quien me pidió que escriba esto y yo. Sospecho que El Pequeño Saltamontes basa su pasión por esta canción en lo que dice la letra, en las cosas que la letra le cuenta a él. A mí la letra no me terminó de conmover.
7 – La reunión entre ustedes y yo está en cada canción que se nos antoje compartir. Convencer a otros es nada, compartir con otros es todo. En cada reunión me voy a sorprender de percibir lo distintos que somos. Me voy a sorprender por las porquerías que ustedes escuchan y también ustedes se sorprenderían de las porquerías que escucho yo. Nos vamos a emocionar cuando justo nos gusta lo mismo por casi las mismas razones.
En este mundo que está cada vez más hecho mierda ¿hay algo más lindo que compartir?


Wednesday, March 14, 2018

El camino y lo Infonoleable



Subtítulo: After Fonolas Parte 3
Como lo supe escribir en la introducción a la Fonola 8 publicada el 5 de agosto de 2014, cuando hablo de canciones, me veo obligado a dejar ciertos discos afuera. Aquella vez hable de Faust y de Gavin Bryars. Hoy les dejo una lista con 50 discos más que eran imposibles de fonolear.
1 – Ash Ra Tempel – Seven Up
2 – Brian Eno-Robert Fripp – No Pussyfooting
3 – The Holy Modal Rounders – Indian War Whoop
4 – Third Ear Band – Elements
5 – Sauter, Dietrich, Moore – Barefoot in the Head
6 – Throbbing Gristle – Grief
7 – Present – Triskaidekaphobie/Le Poison Qui Rend Fou
8 – Lou Reed – Metal Machine Music
9 – Mike Oldfield – Tubular Bells
10 – Lhasa Cement Plant – I Am Providence-Live at Terrastock ‘97
11 – Sweet Smoke – Just a Poke
12 – Popol Vuh – In Der Garten Pharads-Aguirre
13 – AMM – AMMMusic
14 – Alice Coltrane – Universal Consciousness
15 – John Coltrane – A Love Supreme
16 – Tangerine Dream – Zeit
17 – Tangerine Dream – Electronic Meditation
18 – Nurse With Wound – Psilotripitaka
19 – Otomo Yoshihide – Cathode
20 – Sonic Youth – Goodbye 20th Century
21 – Ryoji Ikeda – Matrix
22 – Supersilent – 1
23 – Supersilent – 2
24 – Supersilent – 3
25 – Supersilent – 4
26 – Supersilent – 5
27 – Supersilent – 6
28 – Supersilent – 7
29 – Supersilent – 8
30 – Ground Zero – Consume Red
31 – The Necks – Aether
32 – Charles Gayle Trio – Live at Disobey
33 – Fushitsusha – Purple Trap
34 – Christian Marclay – Record Without A Cover
35 – Jim O’Rourke – The Visitor
36 – Michael Chapman – The Resurrection and Revenge of Clayton Peacock
37 – Cluster – Cluster ‘71
38 – Taj Mahal Travellers – July 15, 1972
39 – Taj Mahal Travellers – August 1974
40 – Taj Mahal Travellers – Live Stockholm July, 1971
41 – Terry Riley – A Rainbow In Curved Air
42 – Main – Firmament II
43 – Seventh Sons – Raga
44 – Mnemonists – Horde
45 – Far Out – Nihonjin
46 – Tony Conrad – Four Violins
47 – Deutsch Amerikanische Freundschaft – Ein Produkt der D.A.F.
48 – Keiji Haino, Jim O’Rourke, Oren Ambarchi – Imikuzushi
49 – The Necks – Vertigo
50 – Clearlight – Clearlight Symphony

La canción es el envase más popular de la música. Fáciles de memorizar, fáciles para silbarlas, fáciles para cantarlas, se pueden bailar a veces. Las canciones nos hablan y hablan por nosotros en ocasiones. Pero pensar las músicas solo en términos de canciones termina volviéndose una suerte de gentil totalitarismo cultural. De hecho, en varias ocasiones, poblé las Fonolas de tracks que buscaban desafiar los estrechos límites expresivos de lo que popularmente se conoce como “canciones”. En esta lista de 50 discos hay artistas que contaron lo suyo sin detenerse a pensar si iban a divertirnos o entretenernos con sus creaciones. Nada hay de malo en las canciones y nada hay de malo en lo que se manifiesta diferente. Mejor navegar todos los mundos posibles.

¿Por qué no hay nada de Led Zeppelin? Al terminar de escribir la última lista, me puse a revisar rápidamente todo lo expuesto. Y no hay ni una sola canción de ellos. Pero si son un grupazo, enormes discos, hermosas canciones ¿Por qué no hablar de ellos? Lo cierto es que no tengo ningún cd original de ellos, ni me baje nada de esta impresionante agrupación. Tengo un vinilo, montones de canciones en cassettes grabados de la radio, un cd con archivos mp3… Y como ellos hay varios ejemplos más de esto mismo. Música que amo y recuerdo y no la mencione en las Fonolas. La explicación: las Fonolas están basadas en los cds que puedo escuchar, más algunas canciones que recuerdo de los vinilos y algunas canciones que recuerdo de aquellas cintas. No solo tengo los tocadiscos rotos, como lo dije antes, también se me rompieron las caseteras. Para que el trabajo de enlistar no se volviese interminable y para no extenderme en lo que no puedo escuchar de su fuente original, simplemente deje de lado un gran puñado de canciones.

Las Fonolas son de materia gris porque se supone que me conozco cada canción de esas listas de memoria pero la verdad es que no siempre es así. La verdad es que muchas veces me reía mientras escuchaba unos discos porque me decía mi mismo “ah, ¿yo tenía esto? ¡está buenísimo! ¿Cómo hice para olvidármelo?” Corriendo atrás de novedades todo el tiempo y acumulándolas, va volviéndose la costumbre que tapa lo evidente.
En el libro “Fuimos Reyes” de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono acerca de los Redondos, hay una parte en la que aparecen las declaraciones de (creo) Isa Portugueis hablando de cómo solían escuchar por días, una y otra vez, un solo disco: “Atom Heart Mother” de Pink Floyd junto al Indio Solari. Tras tantas escuchas, las canciones de ese disco se impregnaban de charlas, ingestas, risas, ideas, idas y vueltas. Era más que un disco, era un mapa de emociones de dos amigos. En los viejos tiempos, cuando andaba por los 17 o 18 años, yo tenía un cassette de The Smiths, “Meat is Murder” con el que supe experimentar cosas más o menos similares con mis amigos. Ninguno de los dos ejemplos que acabo de mencionar son los grandes discos que los críticos gustan recordar. Pero eso no es importante, importante es lo que elegimos hacer con la música que escuchamos, como elegimos vivirla. Las Fonolas me ilustraron puntillosamente acerca de cómo ninguneo mis presentes por las ansiedades acerca de mis futuros. El futuro va a llegar, jamás ha faltado a ninguna cita, uno tiene que festejar los romances de estas atmosferas actuales.

Este post viene ilustrado con una parte del sobre interno de un cd de Godspeed You! Black Emperor llamado “Yanqui U.X.O.” (Ver canción número 1388 de la Fonola 28 del 28 de febrero de 2016).Es un disco del 2002 que yo conseguí en el 2008. Eloy Fernandez Porta habla de ellos y de otros grupos del sello Constellation en su libro “Homo Sampler”. Eloy deja el evento sonoro de lado y decide ponerse para textual. Elige hablarnos de los nombres de las canciones, de lo que los grupos cuentan en los booklets, nos habla del espíritu que vive en las ediciones de este prestigioso sello indie para las minorías. El compulsivo download de discos deja la consideración de las artes de tapa afuera, así como también queda ausente todo análisis, más allá de lo que me las arreglo para escuchar. Escuchar menos cantidad de discos y explorarlos más profundamente vendría a ser la consigna de hoy.

Terminar de escribir las Fonolas fue el enorme trabajo que indica el nuevo inicio de otro horizonte. Es la pormenorizada reconstrucción del suelo que habito, el recuento del humus musical que me nutre. Ahora ya sé que es lo que hay que revisitar, ahora sé cómo seguir escuchando lo que se viene. Ahora sé que es HOY el puesto de la apuesta. Mantener la fe en felicidad, hacer la feliz tarea de escuchar música.

Gracias a El Pequeño Saltamontes por los libros “Fuimos Reyes” y “Homo Sampler”, entre tantas otras cosas.


Thursday, March 08, 2018

Soul Family Sensation – Japanese Technology (1991)



Subtítulo: After Fonolas Parte 2
Esta canción aparece en el disco “New Wave” y fue editada por el sello One Little Indian. En las Fonolas aparece en el número 675 de la Fonola de materia gris (Parte 14) publicada el 24 de diciembre de 2014.
Septiembre de 2003. Un sábado de ese mes fui a El Atril en Morón. Una suerte de librería y disquería pegada a la estación de trenes del lado del andén donde se toma el tren a Moreno. Revisando las bateas llenas de CDs de oferta y de los otros, me encontré con el CD de Soul Family Sensation. La tapa era llamativa pero también un tanto fea, como hecha en computadora por alguien ajeno a la idea que la banda tenía para el arte de tapa de su disco. Esto último solo lo estoy imaginando, no encontré mucha data acerca de ellos, cuando me puse a investigarlos, unos años atrás. Ese día, sin embargo, no sabía nada de la banda pero si sabía algo del sello. Era el sello que editaba, y aun edita, a Björk. Y era un CD original a diez pesos. Entonces lo compre. A casa.
Ya llevaba un mes viviendo solo y tenía 28 años. El primer día que vine a vivir a casa y luego de terminar la mudanza y de ducharme, prendí la radio y sonó el tema “So in love” de OMD. Excelente canción de amor que figura en el post del 23 de agosto de 2006, ese sobre una lista de 60 canciones de amor. Yo andaba más enamorado en aquellos días de lo que ando en estos, pero son etapas, las cosas mutaron ayer y mutaran mañana.
En aquellos días sin TV, yo me ponía a escuchar música al anochecer, cada vez que la radio no tenía mucho para ofrecer. Yo no sabía lo que era el “download” e iba a Internet muy de vez en cuando. Hacía rato se había terminado el 1 peso= 1 dólar y los CDs originales estaban caros.
En el fresco anochecer de la parte más tímida de la primavera, con chocolate semi amargo, pasas de uva y vino blanco dulce, yo me sentaba a escuchar este disco.
Hay que llegar al track número 5 de un disco con 13 canciones en poco más de una hora. El booklet del CD trae las letras, además de la formación del grupo y demás datos.
El inicio de la canción suena como si estuviese enganchado con la canción anterior pero no es así. Como un remolino de cortinas de sintetizadores. A los diez segundos cambia todo, unas notas en el teclado claras y luego, a los 18 segundos, una línea en loop de un instrumento de viento (¿saxo?, ¿flauta?, ¿fagot?), una preciosa línea un tanto melancólica que vuelve a repetirse más tarde. Una línea que embellece esta fabulosa NIGHT SONG. Se van sumando las capas rítmicas y melódicas de los teclados mientras alguien canta: “el viento sopla alrededor de los astilleros y la evidencia/una caja de jabón para sus causas y su consecuencia/las toneladas de acero que trabajan y navegan por mares imperiales/hundidas y quemadas por la sociedad tecno/ aplastadas por la tecnología japonesa”. La canción se pone más rítmica con la batería electrónica: “la sangre y sudor y músculos con diez mil lágrimas/que lucharon las guerras de un país, que creyeron en promesas/literatura de Generaciones Sobrecogidas hundida y quemada por la sociedad tecno/abrumadas por la tecnología japonesa”. “Sobre las arenas, en las rutas, a través de la niebla, en la lluvia, atravesando las ciudades de gente que no puede escapar, sí, ellos lo saben”. Queda repitiéndose una línea melódica en círculos, a la cual se le agregan nuevos círculos melódicos. A los cuatro minutos cuatro segundos, una guitarra dream pop que desemboca en un suave ruido industrial, ya en el final de la canción de casi 5 minutos. La leve amenaza de la letra no encaja del todo con la seductora embriaguez de la canción, la letra nos advierte pero la música es la de un hombre que mira toda esa tecnología japonesa en pleno embeleso. El tecno pop inglés de los ochentas se encuentra con los gestos musicales del grunge estadounidense de los noventas.
Esta canción es la única que recuerdo de memoria de ese disco, es la única que me gusta, las otras doce pasaron sin pena ni gloria por la noche suburbana. Estoy casi seguro de que este ha sido un disco totalmente ignorado por las listas de lo mejor del año de aquel 1991, así como también puede que sea ignorado cuando se revisa lo mejor del género tecno pop.
Esta es la prueba de que seguir todo el tiempo listas de aquí y de allá no es suficiente. Solo me bastó serle fiel como fan al sello One Little Indian para terminar disfrutando esto. De esto hablaba en el post anterior, no siempre lo que te dicen que es lo mejor te va a garantizar goce.
En las Fonolas hay 2186 canciones pero no de todas tengo tanto que contar. Pero, digamos por decir, que si podría ponerme a contar algo de, al menos, unas 1500 canciones. Ahora bien, no puedo escribir yo solo 1500 posts como este. Si fuésemos más… 
En el post anterior les dije que me pidan historias, ahora soy yo el que les pido a ustedes historias. Busquen en esas 2186 canciones alguna que les resuene en la memoria de los acontecimientos. Mándenme eso que quieran narrar a: omarhmiguel@hotmail.com. Yo voy a leer esas historias suyas y las voy a publicar a sus nombres.

Thursday, March 01, 2018

Nunca escuche un disco horrible


Subtítulo: After Fonolas Parte 1
1 – Sí, es cierto. He escuchado discos flojos o no tan disfrutables pero siempre les termine encontrando algo para rescatar. Y también pase por diferentes estadios de las impresiones de acuerdo a cuantas veces escuche un disco. Empezar decepcionado y luego terminar estimulado es algo frecuente con respecto a muchos discos, en especial cuando la música no es tan fácil de asimilar o cuando los críticos no acompañaron ese disco en particular. En este primer post después de la larga marcha de las fonolas, voy a tratar de ir contando que cosas me dejó esta tarea.
2 – Si algún lector allá afuera se quiere tomar el trabajo, va a ir descubriendo que, muy a menudo, lo que figura enlistado forma parte de todos los discos que HAY que escuchar, lo básico, lo obligatorio, ese disco que, si no lo escuchaste, te deja afuera de ser tomado como un oyente con onda. Estoy siempre siguiendo las listas de “best of” de tal año o tal estilo musical. Y con un marco de consideración que deja a ciertas fuentes del lado de lo admirable (The Wire, revista del Reino Unido, ¡aplausos!) y a otras del lado de lo no tan admirable (Rolling Stone, revista de Estados Unidos, ¡abucheos!). Y es por eso que nunca escuche un disco horrible. Y en parte lo lamento. Porque yo les dejo a los críticos la labor de distinguir lo que es excelente de lo que no lo es, para no tener que escuchar cientos de discos más de los que escucho. Pero nada ni nadie me garantiza que, procediendo así, yo voy a encontrar lo que busco. Además no sé lo que busco. Pero no hay tiempo de más. No obstante, últimamente me pica la curiosidad de ver cómo sería escuchar eso otro que deje a un costado, solo por escucharlo. Habría que ver.
3 - Nunca escuche un disco horrible. Pero hay ciertas “excepciones”. The Shaggs y Lucifer. Las Shaggs eran un trío de hermanas de USA que grabaron y editaron un disco en 1969 llamado “Philosophy of the World”. Yo las conocí gracias al libro “SPIN Alternative Record Guide” (1995) en una nota firmada por Andy Newman. Conseguí el libro en el 96 y el CD en el 97. El CD traía aquel disco y varios tracks más. Las chicas no coordinaban mientras tocaban, parecían las tres estar tocando tres canciones diferentes al mismo tiempo. Si bien al escuchar “Pachuco Cadaver” de Captain Beefheart and his Magic Band o “Poptones” de Public Image Limited a uno le queda una desorientación, al par de escuchas les enganchas para donde parecen querer ir. Con las canciones de The Shaggs yo seguía desorientado aun luego de varias escuchas. Nunca las entendí pero siempre las disfrute. Frank Zappa las amaba. Cuenta la leyenda que el padre de ellas pagó la sesión de grabación y que el técnico del estudio le dijo: “le devuelvo el dinero y vuelva cuando ellas hayan aprendido a tocar”. A lo cual el padre respondió: “No, ya están listas”. Yo le preste el CD a un amigo que hace más de diez años que no veo y por eso no puse ninguna canción en las Fonolas, no logro acordarme de ninguna en particular.
De Lucifer tengo un disco en vinilo de 1972 llamado “Big Gun”. Lo encontré en una disquería de Flores a fines de los noventas. Según el libro “The Tapestry of Delights” (1998) era una grabación solista de Peter “Lucifer” Walker, quien había sido parte de The Purple Gang, la banda psicodélica que grabó “Granny Takes a Trip”. Como esta canción suena muy bien, me asombre de que el disco sonara tan mal ejecutado y se lo adjudique a que la banda que lo acompañaba entró a grabar sin haber ensayado lo suficiente en primer término. Como las dos bandejas tocadiscos de mi casa están rotas hace rato, no puedo volver a escuchar este extraño disco por el momento y también por la misma razón deje un montón de vinilos fuera de las Fonolas.
4 – Nunca escuche un disco horrible porque nunca escuche (por ejemplo) a los Ratones Paranoicos. Lo lamento pero no me gustan ni me gusta Juanse solista. El único tema que me gusta de ellos es “Estrella” y tuve que soportar la burla de algunos compañeros de secundaria en el 88 cuando lo comente. Y no tengo tiempo, ni voluntad, ni energía para ponerme a explicarles el porqué. Me imagino que si la labor de llevar este blog adelante estuviese remunerada, no tendría mayor inconveniente en “atenderlo” a Juanse y compañía. (Si hay sueldo, aparecen las fechas de entrega, y cuando no se te ocurre nada, le pasas algún texto divertido/polémico a tu editor, hablando pestes de algún fulanoide). Pero es mucho más gratificante compartir con ustedes lo que me apasiona. Para lo demás, está el resto de Internet, en donde parece que castigar es la orden del día.
5 - Nunca escuche un disco horrible pero leí libros horrorosos. Por ejemplo, “Drácula”. Denso, sobrecargado nocivamente de ornamentos, tres veces más largo de lo que debería. Llegar al final fue una labor extenuante. Y la historia tampoco me pareció la gran cosa.
Pero, ojo al piojo, el que te dice esto también te recomendó “Anticapitalismo para Principiantes” (ver post de 12 de enero de 2007), un libro con “dibujos”, el cual los lectores “serios” no lo considerarían recomendable.
6 - Nunca escuche un disco horrible pero vi films horrendos. Por ejemplo,” Relatos Salvajes”. Para nada graciosa, de un humor negro que no logra criticar nuestras bajezas, incluso parece celebrarlas, con gran fotografía y grandes actores desperdiciados en un producto lamentable. (No deja de llamarme la atención que el director de este film es Damián Szifron, el mismo que dirigió “Tiempo de Valientes”, una película que sí me gusto.)
Pero, guarda el parche, quien esto opina también dice que “Titanic está buena” siendo considerada como una “megagarcha” por un conocido blogger uruguayo.
Entonces, para eso están las Fonolas. Ahora, para quien lo quiera tener en cuenta, hay una lista de casi 2200 canciones que te cuentan “lo que este tipo dice que le gusta” y con ello construir el lugar del emisor. Si mucho de lo que leíste en esas listas te parecieron canciones olvidables, entonces mejor olvidarse de leerme.
7 – Cuando llegue a la última canción de las Fonolas, la de Animal Collective (2016), del disco “Painting With”, me quede pensando. Cuando arme aquella lista de lo mejor del año en aquel diciembre de 2016 no dije nada de ellos. ¿Por qué? Salvo la revista Rock de Lux (España), el resto de las listas que siempre consulto cada período diciembre-febrero para saber lo mejor del año, los ignoraron olímpicamente. Y también fue bastante ignorado su disco anterior “Centipede Hz”, que yo lo ubique entre lo mejor del 2012. “Painting With” no está tan bueno como “Centipede Hz” pero de ahí a ningunearlo, hay un trecho, al menos hoy lo noto. Serle fiel a las listas a veces te deja infiel con ciertas músicas. A veces para buscar músicas viene bien tener en mente “la fidelidad del fan” pero sin su parte loca. Esa parte en la que el fan se confunde con eso que admira y se siente personalmente atacado cuando alguien se atreve a criticar a aquella banda o solista de sus amores. No solo seguirle la pista a las revistas (The Wire, Rock de Lux, Blow Up [Italia]) y a críticos (Rosso, Cambiasso, Schanton) sino seguir grupos y solistas. Tampoco es tan mala idea escuchar discos no tan excelentes. Es injusto pedirle a Animal Collective que siempre hagan grandes discos. Dejémoslos fuera de presiones y por añadidura, pasamos a escuchar sin presión.
8 – Al hacer las Fonolas y al hacer el blog en su total nunca busque ni busco ni buscare prescribirle a alguien nada. Estoy describiendo los senderos que me trajeron acá. Es una costumbre bastante instalada en nuestra cultura cotidiana eso de “yo digo que está rebueno, vos ni lo dudes”. A veces algunos de mis amigos están esperando que les recomiende algo como diciendo “este escucho mucha música, entonces sabe”. Y es cierto, yo sé… de mi subjetividad solamente. No conozco ninguna otra subjetividad. Nadie puede saber eso. Tan solo adivinamos a los demás.
9 – La fe se construye y cierto goce acerca de las músicas proviene de tenerle fe al que te recomienda algo. Y es muy difícil tenerle fe a alguien desde una lista de canciones. Estaría faltando la literatura que describe eso que se vivió y que se sintió con cada canción. Una vez hice un experimento. Me puse a escuchar “The Piper at the Gates of Dawn” (1967) de Pink Floyd tratando de pensarlo como un disco horrible y no como esa maravilla que yo siempre pienso  que es. Y curiosamente cuando lo pensé horrible, lo sentí horrible también. Si me olvido de la leyenda de Syd Barrett y como hizo para tocar la guitarra como la toca. Si me olvido de las influencias, si me olvido de a quienes influyeron. Si me olvido de todo lo que leí sobre ese disco y todo lo que experimente al escucharlo en vinilo primero y luego en CD. Si te acercas virgen de datos, virgen de cualquier memoria a alguna música, quizás se volvería muy complicado que te guste.
Por lo tanto uno podría concluir que las Fonolas fueron un montón de laburo para poco más que nada. Y sin embargo, fijate vos, no es tan así. No hay historia en las Fonolas pero… la base está. De hecho, quería proponerles algo. Elijan alguna canción de las Fonolas y díganme en los comentarios cual es y yo, si veo que puedo, le escribo una historia. Yo ya elegí una y en el siguiente post voy a escribir acerca de la misma.