Thursday, December 10, 2020

¿Ser YouTuber o no ser YouTuber? Parte 2

1 – La otra vez les escribía acerca de mi historia personal con la TV y como esta historia cubre con un manto de duda la posible o probable inauguración de un canal de YouTube de SS. II. Luego de más de quince años como blogger, quizás no suena como algo descabellado el querer sumar formatos nuevos en redes nuevas. Pero hay más reparos de los cuales quiero hablar, al menos como para aclararme los tantos antes de tomar alguna decisión.

2 – Algunos años atrás hubo varias personas que me aconsejaron que use Facebook como red social apropiada para difundir mis escritos. La cosa sería dejar un link ahí y luego quienes lo quisieran le darían un click para desembocar en algún post en especial de mi blog. Es una buena idea y, sin embargo, no lo hice aún. Por un lado, supe escribir de un modo poco halagüeño sobre Facebook (ver post de 10 de diciembre de 2012). Si bien los conceptos descriptos en aquel texto son debatibles (tampoco estoy seguro de estar hoy cien por cien de acuerdo con lo que escribí ayer) hay una costumbre que creo que sigue perdurando en Facebook y sí que estoy seguro que perdura en WhatsApp: las fotos de comidas. Entiendo las fotos de comidas en un libro de recetas, entiendo las fotos de comidas cuando quien toma la foto fue también quien cocino el plato. No entiendo la foto de una comida tomada por alguien que solo la consume. ¿Sera que nos quieren ilustrar acerca de lo que sus ingresos económicos les permiten ingerir? De ser así, esas personas ¿no deberían tener cautela, o pudor, o consideración, ante la idea de que hay quienes les están prohibido ciertos manjares? Yo no quiero que mis textos figuren cerca de ese desajuste estético que señala un grave desajuste socioeconómico. Mis textos ya vienen con su propia mugre, no les hace falta la mugre ajena.

3 – Ojo, en YouTube también hay mugre, como hay mugre en todos partes del mundo, en cada esfera que te dediques a indagar. Pero me parece que en esta red social es más sencillo armarse uno mismo su red de búsquedas. Terminarías viendo lo que deseaste ver y no lo que soportas ver por circunstancias ajenas a tu arbitrio. Creo que allí sí es más cierto que Internet te da eso que buscas antes que darte lo que quieren encajarte. Pero Internet es un monstruo grande que pisa fuerte, te da el espacio para que escribas en público y también establece unos parámetros con los que cuesta lidiar.

4 – El 24 de noviembre pasado tome nota de ciertos datos. Dos datos de YouTube y uno de Blogger. Paso a compartirlos y luego comento sobre ellos. La canción “The Sweetest Place” del grupo Oracle fue subida como video a YouTube el 4 de noviembre de 2012. Al 24/11 figuraba con 181 vistas. La canción “Blush” de Bows fue subida el 24 de enero de 2009 y figuraba con 9.002 vistas hasta la misma fecha que nombre al principio. Significados Invisibles figuraba con 402 entradas y 70.334 vistas luego de más de 15 años de trayectoria. En términos internetianos la cantidad de vistas de esas dos maravillosas canciones y mi aceptable blog es algo así como la nada misma. Tres expresiones culturales sumidas en el olvido y el oscuro anonimato. Existimos, pero es como si no existiésemos. Por otro lado, en términos maquísticos (los términos del autor Maco), 70 mil vistas es una bocha de vistas. Quitando que quizás 1000 vistas son mías, igualmente 69 mil vistas siguen siendo una cifra apabullante, teniendo en cuenta acerca de que escribo y como escribo. Además, las dos canciones me van a seguir pareciendo majestuosas, más allá si somos un millón de personas viendo el video o solo somos 100. PERO, pero, que suscites poca atención de las multitudes no es poca cosa en las tierras de YouTube, al menos si la cuestión es monetizar o no monetizar. Esto último lo voy a desarrollar en el siguiente post.

5 – Si son pocos los que me leen en Blogger (en términos internetianos, ojo), la pregunta es ¿necesito replicar esa misma escasez en YouTube? ¿Podré volverme un poco más popular? ¿Quiero volverme alguien un poco más popular? ¡Síganme siguiendo!

 


 

Tuesday, December 08, 2020

¿Ser YouTuber o no ser YouTuber? Parte 1


1 – Lo que nos dejó este horrible 2020 fue casi todo triste, doloroso, difícil de vivirse. Un año lamentable, desde un montón de ópticas. Sin embargo, este año tan jodido me dejó un plus inesperado. Significados Invisibles tuvo más posts que de costumbre. 79 entradas desde aquel 17 de marzo del 2020. ¡Fue, y es, la revolución productiva! Entre labor y labor, escribir para mi blog fue mi cable a tierra. Un territorio fértil y útil en el cual la vida se vuelve más tolerable. Además de la aparición de una suerte de cuerno de la abundancia de escritos, el involuntario encierro dio tiempo para más cosas: ver documentales, leer poesía y escribir poesía, buscar films, escuchar músicas (como siempre). Y me dejó esta pregunta que titula el post de hoy.

2 – La pandemia y la conexión casera de Internet me empujaron a ver a algunos YouTubers: Historias Innecesarias (muy bueno), Te Lo Resumo (gracioso y útil), Florencia Plomer en Filo News (la historia en memes), al Das Tys del Ale (se espera un retorno), The Needle Drop (el pelado con las novedades discográficas), el gran Jaime Altozano, el flojo canal de Shauntrack, Magnus Mefisto (más lo referido a sucesos y menos lo creepy) y Alvinsch (el amigo de Jaime, para ser sincero no le di mucha bola a Alvinsch).

3 – Todos ellos y un par más que olvide nombrar usan el soporte audiovisual que YouTube aporta y ciertas herramientas tecnológicas para expresar sus puntos de vista acerca de músicas, películas, series, hechos históricos y demás ítems culturales. Mientras veía sus producciones, sea porque me los recomendaron o sea porque me los encontré navegando por las redes, me quedó la leve impresión de que quizás yo podría estar metido en el futuro en algo así. Esta sombra de atisbo de retoño también fue regada por el comentario al pasar de un amigo: “Tenes que hacerte un canal de YouTube”.

4 – Más allá de lo tanto que no sé de editar y filmar, hay una duda fundamental que tengo: ¿conozco yo las dinámicas del lenguaje audiovisual para que algún video que produzca le resulte interesante a alguien? Por supuesto que todo puede aprenderse. No obstante, esta es una duda que no carece de ciertos antecedentes de mi biografía.

5 – Antes de 1985, en la casa de mis viejos teníamos en antiguo televisor blanco y negro valvular. Cuando dejó de funcionar, recién ahí llegó a casa la TV a color. Con cinco canales de aire. La TV por cable llegó en el 2000. En el 2003 me mudé a vivir solo y no tuve TV hasta el año siguiente. Recién le conecte una antena aérea a mi TV en el 2010.

Después de cumplir 10 años vi TV a color, pero solo los canales de aire. Después de cumplir 25 años pude ver TV por cable, pero solo por tres años. Del 2004 al 2010 mire por la TV mi colección casera de DVDs y Vcds y llevo diez años viendo nuevamente solo los canales de aire. A toda esta información le tengo que agregar que no soy muy fan de ver TV. La gran mayoría de las cosas que la televisión ofrece no me interesa. No es por nada que yo carezco de conocimientos acerca de las dinámicas del lenguaje audiovisual.

6 – Si quiero tener un canal de YouTube, es necesario que aprenda varias cosas. Quedan algunas cosas más para detallar, pero quedan para más adelante.

 

Saturday, December 05, 2020

Jenny Hval – Spells

1 – Estoy ubicado en el sillón, sumido en el reposo. Estoy viendo un video desde el celular. Nada de lo que sucede en el video tiene tristeza, pero mis ojos se humedecen más de lo habitual. Me causa gracia y, al mismo tiempo, me deja un aire de perplejidad. De cosas como estas estoy compuesto hoy. Voy a tratar de explicarme.

2 – Jenny Hval editó el año pasado el discazo llamado “The Practice Of Love”, obra que incluye la hermosa canción “Ashes to ashes”. Descubrí esta preciosura una mañana gris de llovizna, sentado en las mesas dispuestas dentro del shopping de Moreno lado sur. Movido por la curiosidad y buscando escuchar más cosas de ella, me puse a navegar con el mismo celular con el que escuché la canción. Había sido que en el 2018 había publicado un EP llamado “The Long Sleep”, en esa producción está “Spells”, una maravilla que me enamoro de inmediato. Esa primera vez que escuche “Spells”, el track estaba en YouYube sin video. Quiero decir, el video era una imagen (el arte de tapa del EP) que servía de ilustración de la canción que sonaba. El video lo vi mucho tiempo después.

3 – Pausa. Este año ella publicó “Untitled” o “Bonus Material” (depende de donde lo ubiques figura con un nombre o el otro) a través del sello Sacred Bones Records. Nueva maravilla. Fin de la pausa.

4 – La canción “Spells” me dice ciertas cosas y el video que hicieron para promocionarla me dice cosas distintas. De ahí uno deriva a una confusa emoción. Se siente como dos placeres que ocupan sus lugares dentro de la cabeza, pero operan en distintos sectores y cada uno ejecuta maniobras diferentes. Por ende, me veo experimentando fuerzas e intensidades que no experimento a menudo. El video fue dirigido por la artista Constance Tenvik.  Dos sensibilidades femeninas creando bellezas.

5 – Colores. Disfraces. Bailes. Pelucas. Maquillaje. Platos. Una mujer leyendo el “Le Monde Diplomatique”, otra mujer leyendo otro diario que no logro distinguir cual es. Bandejas. Coreografías extrañas. Una valija. Escaleras. Salones. Guerras de almohadas. Teteras. Tazas de té. Carritos. Bocados tipo postres. Copones. Luces. Cucharas que sirven de micrófonos. Teteras que sirven de saxofones. Bastones. Rondas. Con la cámara vamos recorriendo una mansión en la que se suceden desfiles de todos esos elementos que fui enumerando antes. En los comentarios de YouTube, la gente buscaba encontrarle un sentido a todo esto. A mí me quedo la impresión de que el goce consiste en sumarse al fluir que acontece en el video, ocupándose a uno mismo en sensaciones antes que en sentidos.

6 – “No estarás despierto por mucho, no tendrás que esperar por mucho.”

 

 

Thursday, December 03, 2020

Juguete roto

1 – Hace un tiempo atrás, cuando estaba escribiendo y publicando esos textos hablando de canciones, se me presentó la oportunidad de dedicarme a ciertas figuras del rock argentino, tipo Litto Nebbia (ver post del 6 de noviembre de 2020) o Charly García (ver post del 17 de noviembre de 2020). Curiosamente no se me cruzó por la cabeza escribir algo acerca de Fito Páez. Esta vez voy a hacerlo.

2 – Fito es bastante famoso, no necesita que un hombre anónimo en un blog casi desconocido abunde en sus defectos y virtudes. Pero la pregunta es otra: ¿yo necesito hablar de él? Según parece, sí.  Como también supo pasarme con los dos artistas que nombré más arriba, me gustan muchas canciones de Páez. Sin olvidarme que también él tiene varias canciones que es mejor olvidarlas. Hay una canción en particular de la que quiero escribir.

3 – La canción se llama “Ámbar Violeta” que está en su disco “Ciudad de Pobres Corazones” de 1987. La escuche en aquellos días y me había encantado. Volví a re escucharla para escribir este post y sentí el hechizo intacto. Es cortita y no tiene nada de sobra. Hermosa letra, linda melodía, bellos arreglos. Quizás sea esta la mejor canción del rosarino.

4 – Fito Páez suele llamar la atención de ciertos intelectuales, tipo Horacio González (que escribió un libro con entrevistas de él con el cantautor, obra que sí leí) y Enrique Symns (que escribió un libro con entrevistas de él con el cantautor, obra que no leí). Más allá de esto, suele ser un artista un tanto repudiado o menospreciado en los ámbitos del rock local. Tal vez porque es muy famoso. Tal vez porque tiene fama de ser jodido con la gente con la cual labura. Tal vez porque las personalidades más famosas del rock local parecen pertenecer a un club exclusivo (y excluyente) de hombres guitarra en mano, lo que deja a Fito en ese segundo plano donde conviven tecladistas y pianistas. De hecho, supo haber un tiempo en que era casi un deporte descansarlo a Páez. Creo que ya no sigue así la cosa. Ojalá que no siga así.

5 – En ocasiones, el peor enemigo de Fito Páez es Fito Páez. Por ejemplo, esa canción fea, de la que ya no me acuerdo el nombre, que le dedicó a una ex novia, si no me equivoco era Julia Mengolini, llena de innecesarias palabras. Una melodía poco afortunada. Creaciones de ese estilo no benefician al oyente y perjudican la frondosa labor de Fito. La abundante difusión de canciones como esa deja en la oscuridad las mejores cosas del autor de “Dame un talismán”.

6 – No obstante, el juguete roto no es Fito Páez. El juguete roto es la idea que me queda de Fito Páez en estos días. Desde aquellos días de “Circo Beat” (disco que no le di mucha bola) que dejé a un costado a él y su obra. Más de 25 años en los que no lo ignore, pero tampoco le preste atención. En ese grupo de unos veinte discos, más o menos, debe haber varias canciones valiosas, sospecho. En cuanto pensé en él, tuve que admitir ante mí mismo que ya había perdido la fe que se necesita para indagar en la obra de alguien en busca de algo que te enamore. Fe de que vas a encontrar eso que buscas.

7 – Este juguete roto se arregla con una pormenorizada curiosidad y con el goce de buscar más allá de que vaya uno a encontrarse. Me parece que no es cierto que todo lo valioso que tenía para decir lo dijo en los ochenta y principios de los noventa. Hoy tengo “Ámbar Violeta”. Mañana veremos.